Una visión cristiana de la crisis terrorista

 

UNA VISION CRISTIANA DE LA CRISIS TERRORISTA

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UNA VISION CRISTIANA DE LA CRISIS TERRORISTA

“Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos—declara el Señor..(Isaías 55:8)

En Estados Unidos como en todas partes del mundo la gente quedó perpleja ante la cruda realidad de destrucción masiva ocurrida el 11 de septiembre del 2001. En aquel “día de infamia”, mucho peor que el ataque de Pearl Harbor de 1941, terroristas extranjeros se apoderaron de cuatro aviones y destruyeron miles de vidas. Las escenas más dramáticas y desgarradoras acompañaron las explosiones y el colapso de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. La tragedia continuó en el Pentágono cerca a Washington, DC y al oeste de Pensilvania donde uno de los aviones se estrelló en el campo.

Los espectadores, sin despegarse de sus televisores, pudieron ver en vivos colores la repetición del momento en que el avión se estrelló contra la segunda torre, el infierno abrasador de miles de galones de combustible y la desintegración de la infraestructura de las torres. La comunicación instantánea permitió a la gente ver los detalles visuales de la tragedia sin precedentes. Las escenas de desenfreno se veían en todas partes, mientras miles escapaban de las torres y se juntaban con otros que corrían de la destrucción en medio de horribles gritos, del polvo asfixiante y los escombros que caían. Escenas apocalípticas, algunas veces vistas en ciencia ficción, se hicieron realidad a medida que la gente absorta observaba la devastación de cuerpos destrozados y víctimas mutiladas. Se perdieron miles de vidas de personas de Estados Unidos, la India, Inglaterra, Pakistán, Israel, y docenas de otros países.

A medida que se producían estos horribles eventos, la mayoría de gente quedó escandalizada, sin aliento, y llena de horror. Un falso sentido de seguridad dio lugar a un sentido de vulnerabilidad. La confianza equivocada fue remplazada por la duda. La seguridad se perdió frente al temor. Cuando la gente supo que los hombres malvados responsables de este asesinato masivo fueron en realidad entrenados para volar en Estados Unidos, se sintió traicionada. Era como si un cazador le enseñara a su amigo a usar una escopeta y luego este amigo a su vez asesinara a su maestro.

Un sorprendente número de gente pensó inmediatamente en Dios a medida que observaba la carnicería y la ruina en Nueva York, en el Pentágono, y en Pensilvana. Agobiados ante semejante maldad, acudieron al Señor en busca de consuelo. Se celebraron misas durante toda la semana. El domingo, los lugares de reunión religiosa estuvieron llenos de miembros y visitantes. El Fort Worth Star Telegram informó: “Con sus banderas nacionales y libros de oración, los Estadounidenses llenaron las iglesias el domingo luchando por comprender el terror de la semana anterior. La melodía de Dios bendiga a América se mezcló con la música gospel. Las imágenes de la destrucción en Nueva York y Washington fueron proyectadas en algunas paredes de los santuarios. Los hujieres en una de las iglesias distribuyeron pañuelos a los feligreses que no pudieron contener el llanto.” Otro artículo del mismo periódico dice lo siguiente: “Los texanos del Norte llenaron las casas de adoración en Metroplex el día domingo para reflexionar sobre la semana de horror, orar para tener fortaleza y declarar una guerra justa contra el mal. Los servicios del miércoles se mezclaron con fervor patriótico y religioso ya que algunas congregaciones entonaron canciones como América la Hermosa y Dios bendiga a América junto con himnos tradicionales. Los Ministros religiosos comentaron cómo los ataques terroristas habían acercado a la gente a Dios y habían unido a la nación. Otro informe periodístico decía, “Dios ha hecho que esta nación se ponga de rodillas. No es la postura de la derrota. Me atrevería a decir que es la postura de guerra”.

También se celebraron servicios ecuménicos. La Catedral Nacional en Washington, D.C., ofreció un servicio al cual asistieron el presidente Bush, ex presidentes, y miembros del congreso. Un clérigo musulmán, un líder judío, un Obispo católico, y un pastor protestante participaron en la reunión. Otros servicios en otros lugares incluyeron protestantes, judíos, hindúes, musulmanes y otros. Indistintamente de su relación con Dios, todos se unieron para hacer frente a esta oscura tragedia.

Frente a semejante destrucción nacional, ¿qué debería pensar el cristiano? Alguien notó que si discernimos cómo la mayoría de personas en el mundo ve un evento determinado, el cristiano debería probablemente ver las cosas exactamente en el sentido opuesto. Se dice esto debido a que la basta mayoría de personas no ve la vida, ni la historia, ni la realidad a la luz de las Escrituras (cf. Isaías 55:8-9). La razón es que casi todos se encuentran aún en la carne y no están sujetos a la voluntad de Dios (Romanos 8:7-8); casi todos se encuentran cautivados por Satán, el “dios” de este tiempo (2 Corintios 4:3-4; Juan 8:44); casi ninguno ha sido transformado por el Espíritu de Dios (2 Corintios 3:17-18). Siguiendo este razonamiento deberíamos ver todas las cosas de la vida de manera distinta a como las ve nuestra sociedad.

Esto es cierto, pero sólo en parte. Incluso los hombres no salvos han sido hechos a la imagen de Dios, aunque esta imagen ha sido grandemente distorsionada (Santiago 3:9; Efesios. 4:23-24). Aún existe un sentido de justicia en aquellos que no han sido salvos, aunque esa justicia es a menudo pervertida (cf. Romanos 13:1-5). Aún existe el sentido de compasión en algunos frente al sufrimiento humano aunque no tomen en cuenta el ejemplo de compasión de Cristo (Lucas10:30-37). Hemos visto que esto se ha comprobado en esta trágica destrucción. Incluso gente no regenerada ha sacrificado su tiempo y dinero para ayudar a las víctimas del desastre. Han expresado más amor y preocupación por sus familias e incluso por desconocidos. Han hecho un llamado a la justicia y al castigo de los responsables de este asesinato masivo. Se han llenado de cólera frente a este acto de agresión. Sin embargo, aunque la cólera puede ser correcta y buena y esencial, frente a actos de crueldad y asesinato (cf. Marcos 3:5), también puede degenerarse en un odio ciego, fanatismo racial, nacionalismo hipócrita, represalia violenta y otros pecados.

A pesar de la actitud correcta frente a este evidente acto de hostilidad, debemos admitir que la gente del mundo (incluyendo la mayoría de gente religiosa) simplemente no ve las cosas con la mente de Cristo (1 Corintios 2:16; cf. Filipenses 2:5). Por lo tanto, necesitamos preguntarnos a nosotros mismos, cómo deberíamos ver esta tragedia. ¿Qué nos dicen las Escrituras? Les ofrecemos los siguientes puntos para que los piense en este momento de crisis y reflexión.

Primero, Dios desea que reflexionemos y aprendamos de los eventos dramáticos de destrucción. Es bueno que Estados Unidos y el mundo estén pensando con mayor seriedad en la vida desde la tragedia del 11 de setiembre. Dios destruyó al mundo con un gran diluvio mundial y más tarde tanto Jesús como Pedro se refirieron a dicho suceso y sacaron una lección (Mateo 24:37-39; 2 Pedro 3:5). La destrucción de Jerusalén por parte de Nabucodonosor de Babilonia fue para enseñarle a Israel una lección que nunca olvidaría. Del mismo modo aunque esta tragedia es dolorosa y un compendio de maldad, aún así podemos aprender de ella. Podemos recibir lecciones que le darán más significado a nuestras propias vidas y glorificarán a Dios. ¡Aprendamos bien estas lecciones!

Segundo, el corazón humano está lleno de pecado. Dios dice, “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” (Jeremías 17:9). Sólo un corazón pecador y perverso pudo haber cometido una atrocidad tan aterradora y asesinar a miles de personas inocentes. El U.S. News and World Report ofrece esta cita concisa: “Esta es maldad pura e inadulterada”. De acuerdo a la Newsweek, Bin Laden, el líder musulmán carismático responsable de tanta violencia y aparentemente el autor de la presente destrucción, expresa en poesía lo perverso de su corazón con relación al bombardeo suicida al US Cole y a la muerte de 17 estadounidenses a comienzos de este año:

Las partes de los cuerpos de los infieles
volaban como partículas de polvo.
Si ustedes hubieran podido verlo con sus propios ojos,
se hubieran complacido mucho
y sus corazones estarían llenos de alegría.

Esta misma actitud perversa fue manifestada en una escala incluso mayor durante los eventos del día de infamia.

Sin embargo, además de esta clara perversión pecaminosa, debemos admitir honestamente que todos hemos pecado y somos indignos de la gloria de Dios, por lo tanto todos somos culpables delante de Dios y merecemos la muerte (Romanos 1:32; 3:23; 6:23). Aunque sólo algunos cometieron el terrible pecado de destrucción el 11 de setiembre, todo aquél que no ha sido salvo está bajo el pecado y debe enfrentar a Dios en el juicio un día (Romanos 2:4-6). A los ojos de Dios todos somos culpables de pecado – ya sea por odio y fanatismo, codicia y envidia, por el hablar corrupto y el materialismo corrupto, por ira y amargura, o por falta de misericordia y amor. Aunque podemos querer mantenernos distantes del grave pecado de los terroristas suicidas, debemos admitir que todos merecemos ser castigados por un Dios Santo a causa de nuestros propios pecados. (Apocalipsis 21:8).

Tercero, el corazón puede ser engañado terriblemente. Una y otra vez la Biblia nos advierte, “No os dejéis engañar” (Gálatas 6:7). Satán “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9); por lo tanto todos aquellos que no son creyentes han sido engañados en lo que se refiere a su condición espiritual. Sin embargo, este incidente revela cómo el engaño masivo puede turbar el juicio de una persona al punto de llegar a cometer un acto tan atroz de destrucción. La Biblia dice, “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Puede haber parecido “recto” para estos asesinos cometer suicidio y asesinato, pero era “camino de muerte”—muerte física, espiritual y eterna.

Cuarto, este evento revela una gran hipocresía en nuestras vidas. Es correcto condenar el asesinato bárbaro de 7,000 personas inocentes, pero ¿somos consistentes cuando condenamos? Mientras cientos de millones de personas en todo el mundo ha condenado al unísono esta destrucción masiva (y con justa razón), vemos al mismo tiempo una hipocresía masiva.

Mientras 7,000 personas han sido asesinadas trágicamente por los terroristas, ¿cuántos han sido los que han condenado abiertamente el asesinato de más de un millón de bebés al año por madres crueles, doctores y enfermeras? (Muchos millones más son abortados en otros países). ¿Cuántos han condenado los cientos de millones de gente muerta por el uso del tabaco sólo en Estados Unidos? ¿Cuántos han condenado la homosexualidad y la fornicación responsable de la crisis del SIDA que está destruyendo decenas de millones de vidas en el mundo? ¡El corazón definitivamente está engañado por tanta hipocresía!

Cuando las tragedias como ésta chocan “cerca de nuestro hogar” perdemos la objetividad. Nosotros condenamos con justa razón a los autores de esta destrucción y a aquellos que los enviaron; pero ¿condenamos del mismo modo la maldad en todo el mundo? ¿Estarían los estadounidenses tan furiosos si 7,000 alemanes, panameños, hindúes, o egipcios hubieran sido asesinados? Solemos dejar que la ofensa personal y la lealtad nacionalista nuble nuestra objetividad. ¿Nos preocupamos por los varios millones de congoleses muertos en la sangrienta guerra del Congo? ¿Estamos preocupados por los millones apresados y asesinados en la China Comunista? ¿Estamos preocupados por las prohibiciones a las prédicas y conversión a Cristo en muchas tierras islámicas (incluso Israel es extremadamente restrictivo en este aspecto)? ¿Nos preocupamos por aquellos que sufren por los terremotos en varias partes del mundo? ¿Son los estadounidenses más importantes y valiosos que los demás? Es tiempo de que veamos objetivamente la moral y la maldad religiosa donde quiera que se encuentre y condenarla como pecado en contra de Dios.

Quinto, algunas religiones atrapan a las personas mediante el poder del engaño. Gran parte del terrorismo cometido en el mundo proviene de la religión islámica. Es cierto que un vasto número de musulmanes no cometerían una atrocidad de este tipo (debemos mantener esta distinción en mente). Probablemente muchos de los cinco millones de adherentes islámicos en los Estados Unidos tienen esta convicción. Sin embargo, existen musulmanes fundamentalistas radicales que toman el Corán en serio y creen que serán inmediatamente recibidos en el paraíso y que disfrutarán de la eterna felicidad con muchas esposas si asesinan en el nombre de Allah y Mohammed. Ya que siguen a un falso profeta (Mohammed) y sus escritos (el Corán), están engañados al pensar que serán recompensados al matar a sus enemigos, aquellos que se les oponen. Este pensamiento distorsionado es parte de su religión.

Del mismo modo debemos recordar que en el tiempo de Mohammed (siglo siete) y en los siglos que siguieron, los musulmanes practicaban un sistema de “expansión por conquista”. Esto trajo como consecuencia la destrucción de países completos –desde Persia por el este, pasando por África del Norte hasta el Atlántico, y hasta España. En el Hadith (o enseñanza oral), se dice que la Jihad es el mejor método de ganar (bendiciones) tanto espirituales como temporales. Si se consigue la victoria hay un enorme botín para el país que no puede ser igualado (sic) a ninguna otra fuente de ingreso. Si hay derrota y muerte se tiene de todo en el paraíso” (citado por Moshay, ¿Quién es este Allah?, p. 23). Estos primeros seguidores de Mohammed fueron engañados al pensar que este procedimiento era en realidad agradable a Allah, el dios que ellos seguían.

Además, debemos de recordar que los musulmanes aún guardan resentimiento por las atrocidades cometidas por los así llamados cruzados “cristianos” durante la Edad Media. En aquella época, hordas de católicos romanos europeos arrasaron pueblos musulmanes completos, violando a sus mujeres y causando devastación en el Cercano Oriente. Mientras clamaban hipócritamente el nombre de Jesucristo, violaban casi todas Sus enseñanzas durante el saqueo. Aunque éstos no eran verdaderos cristianos sino católicos equivocados, los musulmanes parecen no conocer la diferencia. (Del mismo modo, muchos judíos incluso hoy en día no ven la diferencia radical entre en régimen Nazi “Cristiano” y la verdadera Cristiandad). Los musulmanes radicales se ven a sí mismos como instrumentos de venganza en contra de los “cristianos infieles”.

Antes que los demás basándose en su propia noción de justicia condenen el fundamentalismo islámico debido a su perspectiva desviada, hay que tener en cuenta que todas las demás religiones del mundo se encuentran del mismo modo bajo el poder del engaño, ya que no siguen al Dios verdadero, no creen en el verdadero Salvador del pecado, ni dan honra a la Palabra del Dios Vivo. Juan escribe, “todo el mundo yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19).

Sexto, vivimos en un mundo que ha caído en el pecado en el cual la tragedia es parte de la vida. Desde el primer pecado en el Jardín del Edén (Génesis 3), este mundo ha sido esclavizado por la corrupción (Romanos 8:19-25). Desastres naturales (inundaciones, huracanes, tornados, volcanes, terremotos, etc.) y la maldad moral de todo tipo es parte de este mundo de corrupción. Aquellos que murieron en el World Trade Center no eran necesariamente más pecadores que otros que estaban en el Empire State Building o cualquier otro edificio y que no fueron heridos por los designios terroristas. Sin embargo, el desastre los atrapó y muchos murieron. Jesús habló del colapso de la Torre de Siloam y dijo que este tipo de tragedia no significaba que las víctimas eran más pecadoras que los demás. Por el contrario, estos eventos deberían llamarnos al arrepentimiento (Lucas 13:1-5). Las muertes graves de este tipo forman parte de la vida en un mundo pecador y caído. Dios introducirá la paz eterna sólo cuando el Reino de Dios sea manifestado.

Sétimo, podemos ver las maldades del suicidio. Los autores de esta horrenda maldad asumieron equivocadamente que si se suicidaban (como parte de la Jihad o doctrina de “guerra santa”) serían recompensados eternamente. Un artículo publicado en Newsweek explica: “el que muere como mártir de la fe (musulmana) va directamente al cielo y disfruta de las mejores recompensas. Pero en esta versión moderna del Islam, la noción de mártir se explica de manera que incluye el suicidio voluntario en la batalla”. Este artículo continua citando el ejemplo de miles de soldados iraníes “quienes hicieron explotar sus propios cuerpos al entrar en campos minados iraquíes a fin de que los musulmanes iraníes pudieran alcanzar las líneas enemigas”.

Mientras que el Islam teóricamente ve al pecado del suicidio como un gran pecado, el Islam radical llama a esta forma de suicidio de manera distinta. El suicidio o auto-asesinato terrorista es parte del llamado sexto pilar del Islam: Jihad. Jihad es un término árabe que significa “pelea” o “batalla”. De acuerdo a la Enciclopedia Británica, la Jihad es “un deber religioso impuesto a los musulmanes para difundir el Islam librando batalla.” Este deber puede lograrse librando “guerra físicamente en contra de los incrédulos y enemigos de la fe islámica”. Mohammed dijo, “¡Pelea en la causa de Dios!” y, “Mata y asesina a los Paganos donde quiera que los encuentres” (Corán, 2:244;9:5). Además, “Cuando te encuentres con los Incrédulos (en batalla) golpéalos en el cuello” (47:4). Ayatollah Khomeini de Irán declara, “La alegría pura en el Islam es matar y morir por Allah” (David Lam, Los Árabes, p.287).

Prevalece la creencia de que si un musulmán devoto se suicida con la finalidad de derrotar a los enemigos del Islam, defender a Mohammed, y promover la fe musulmana, será recibido en el paraíso de Allah y será especialmente bendecido en la era por venir. “Aquellos que han dejado sus hogares…o peleado o sido asesinados – En verdad yo borraré De ellos sus iniquidades, Y los recibiré en Jardines Con ríos que fluyen por debajo;–Una recompensa de la Presencia de Dios, y de su Presencia es la mejor de las recompensas” (3:195;cf. 2:244; 4:95; citado por Norman L. Geisler y Abdul Saleeb, Respondiendo al Islam, p. 174; puntuación de acuerdo al original). Un Hadith (una tradición oral del Profeta) dice: “El menor de los habitantes del paraíso será el que tenga ocho mil sirvientes, setentaidos esposas…” (G.J.O Moshay, ¿Quién es este Allah?, p. 84). Aun si esto es figurativo, demuestra en términos simbólicos lo que le espera a un musulmán que muere en una llamada Jihad (una “guerra santa” que en realidad es una guerra profana!).

Sin embargo, la Biblia dice, “ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15). La Palabra de Dios no hace distinción entre el auto asesinato (suicidio) y el asesinato de otros. Los homicidas- todos aquellos homicidas sin importar de qué tipo- serán condenados al lago de fuego (Apocalipsis 21:8). Estos terroristas fueron culpables no sólo de suicidio (auto-asesinato) sino también del asesinato de miles de personas. Tristemente aquellos que se mataron no escaparán de sus problemas aquí en la tierra sino que pasarán a una eternidad de horror indescriptible. Esto también se refiere a más de 30,000 estadounidenses que se suicidan al año.

Octavo, existe la necesidad de justicia en un mundo caído. Una versión extrema del Pacifismo Político dice que los gobiernos deben deponer sus armas y vivir en paz con sus vecinos. Esto es totalmente irrealista en un país pecador como éste si tuviera que hacerse unilateralmente. La única nación que permanece en los principios de paz es la “ciudad santa” de verdaderos cristianos (1 Pedro 2:9), que sigue al Príncipe de paz, Jesucristo (Isaías 9:6).

Pablo demuestra que el gobierno civil ha sido establecido por Dios para desempeñar el trabajo de la justicia. El poder civil “no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo” (Romanos 13:4; cf. vv. 1-3; 1 Pedro 2:13-14). Mientras que muchos gobiernos de la tierra premian al malvado y persiguen al justo, idealmente deberían aplicar justicia sobre los hacedores de maldad. Si el gobierno de los Estados Unidos descubre quién es el responsable de este asesinato masivo, la Biblia dice que puede trabajar como un vengador de Dios para traer “castigo”. Esto se vuelve un problema cuando el gobierno debe ir más allá de sus fronteras e ingresar a otro país para localizar a aquellos que son culpables, y especialmente si hay terceros inocentes involucrados; pero al menos el principio se aplica para los hacedores de maldad dentro de los límites de un determinado país.

Noveno, el cristiano debe vivir de acuerdo a principios diferentes. Mientras que el poder civil lleva la espada (Romanos 13:4), el cristiano no debe usar la espada (Mateo 26:52). Mientras el poder civil es un “vengador” y “castiga” al hacedor de maldad (Romanos 13:4), el cristiano no debe vengarse porque debe “dar lugar a la ira de Dios” (12:19). El cristiano tiene el siguiente mandamiento “No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal” (12:21; cf. vv. 14-20). La autoridad civil se interesa por “el castigo de los hacedores de maldad” (1 Pedro 2:13-14), pero el cristiano se interesa por la salvación y transformación de todos los hacedores de maldad y pecadores (2 Corintios 5:19:20). Las Escrituras reconocen el derecho del gobierno civil (nacional, estatal y local) para traer a los pecadores o criminales a la justicia (cf. Génesis 9:5-6; Hechos 25:8-11), pero al mismo tiempo enseña que los cristianos seguirán al Señor en el camino de amor, paz y buena voluntad (cf. 1 Tesalonicenses 5:15).

La reacción violenta ante esta atrocidad se ha visto en varios lugares. Algunos estadounidenses llenos de odio se han desenfrenado ante cualquiera que sea originario del Cercano Oriente o que sigua el Islam. Un artículo de noticias dice al respecto, “En Washington, D.C., a las mujeres musulmanas les han arrancado sus mantos de la cabeza. Una mezquita en San Francisco fue salpicada con sangre de cerdo. Una amenaza de bomba en una escuela mayormente árabe en Dearborn, Mich., hizo que los adolescentes salieran corriendo a las calles”. Alguien trató de asesinar a un nativo de Yemen, Hasson Awadh, y alguien logró asesinar a un musulmán en Arizona. Las mesquitas musulmanas en Estados Unidos han sido profanadas y bombardeadas. Sólo a unas millas de aquí (en Fort Worth, Texas), un hombre apuñaló a dos jóvenes de Etiopía.

Los verdaderos seguidores de Jesucristo deben vivir de acuerdo a estándares de vida diferentes. Mientras condenan la maldad del asesinato masivo en Nueva York, Pensilvania y Washington, D.C., permiten que Dios ejerza su propia venganza, en el tiempo que Él decida y de acuerdo a los medios que Él escoja. Los verdaderos cristianos prefieren el “alto camino” de amor, misericordia, justicia y bondad (cf. Lucas 6:35-36) pero al mismo tiempo reconocen el poder de la autoridad civil al ejercer la justicia de la pena capital en el culpable.

Diez, Dios traerá absoluta justicia en el Último Día. Puede que no todos los responsables de esta tragedia sean detenidos ni ejecutados en esta vida. Debemos ser realistas y admitirlo. Sin embargo, todos los culpables de este pecado un día tendrán que enfrentarse a la justicia—en el tiempo que Dios decida. La Biblia nos asegura que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras” (Romanos 2:6). Habla de “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (v. 5). Además, se refiere a “el día del juicio y de la destrucción de los impíos” (2 Pedro 3:7). ¡Nadie escapará al juicio justo de Dios el Gran Día del Juicio!

No nos olvidemos de que estos asesinos musulmanes no son los únicos que enfrentarán el juicio de Dios sino toda persona que haya vivido en la tierra, “para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10). No podemos condenar a otros basándonos en nuestra propia justicia y pretender que nosotros estamos libres de culpa si aún somos culpables de nuestro pecado y no tenemos una relación de salvación con Cristo. Todo aquel que no cree en Cristo y que no lo obedece sufrirá el mismo castigo eterno que estos terroristas despiadados.

Décimo primero, nuestra vida es muy breve e indeciblemente insegura. Miles de personas se levantaron el martes por la mañana y salieron a trabajar al Pentágono y al World Trade Center pensando que llevarían a cabo sus tareas diarias y que regresarían a casa por la noche. Se despidieron con un beso de su esposa, hicieron arreglos para ir al cine por la noche, planearon ver una juego de pelota, o llevaron a sus hijos a la escuela. Planearon el futuro – pero ya no había futuro para ellos en la tierra. Ellos se equivocaron de manera trágica. En cuestión de segundos algunos fueron sepultados y quemados mortalmente. Otros murieron en minutos. ¡Qué sabio es el consejo del rey Salomón!, “No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día.” (Proverbios 27:1). Santiago añade este consejo: “Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Santiago 4:14).

Estas víctimas estuvieron vivas en un momento determinado y al otro murieron. Estaban haciendo llamadas telefónicas, estaban en reuniones, tomaban café, hablaban de puntajes de béisbol, trabajaban en la computadora, entregaban memos, y coqueteaban con otros trabajadores de la oficina. Pero ahora están muertos. ¡Cuán importante es que veamos este trágico incidente como una advertencia! Puede que no muramos por un avión en explosión, podemos morir por un accidente automovilístico, una parálisis severa, una enfermedad al corazón, o alguna otra calamidad. ¿Estamos listos para encontrarnos con el Señor?

La gente tampoco esperará el regreso de Cristo. Jesús nos advirtió, “Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39; Lucas 17:26-27). Pablo dice además, “el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche; que cuando estén diciendo: Paz y seguridad, entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente” (1 Tesalonicenses 5:2-3). Jesús dijo, “Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44). ¿Estaría usted listo a morir si un terrorista bombardeara el edificio que usted está visitando en ese mismo instante?

Décimo segundo, el tiempo presente es valioso. Ya que el día de mañana no nos está garantizado, deberíamos usar el día de hoy, este momento, de un modo bueno y correcto. Este es el único momento que tenemos. No hagamos nada que no nos gustaría estar haciendo en el momento de nuestra muerte o en el momento que Cristo regrese. No debemos preocuparnos demasiado por el día de mañana (Mateo 6:33) pero debemos preocuparnos por cómo vivimos el día de hoy. Pablo escribe, “Por tanto, tened cuidado cómo andáis (viváis); no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

¿Cómo estamos llevando nuestras responsabilidades el día de hoy? ¿Estamos viviendo como esposos y esposas, hijos e hijas cariñosos, amables y correctos? ¿Estamos viviendo como empleados y empleadores responsables? ¿Somos vecinos y amigos amables y considerados? Como cristianos, ¿recordamos que somos “embajadores de Cristo” para llevar el mensaje de la reconciliación a un mundo perdido (2 Corintios 5:20)? ¿Estamos conscientes de que Dios nos usa para manifestar “la fragancia de su conocimiento” (2:14)? ¡Debemos usar cada uno de nuestros días como si fuera el último!

Décimo tercero, debemos valorar lo que es eterno y no temporal. Muchos han recordado la historia simbólica de la destrucción de Babilonia en Apocalipsis 18. Aparentemente Babilonia era un símbolo de la Roma pagana. Juan usa el lenguaje figurativo para transmitir su mensaje — un tema aparentemente más claro para sus lectores originales que para nosotros. Pero tomen en cuenta esta descripción: “Y los reyes de la tierra que cometieron actos de inmoralidad y vivieron sensualmente con ella, llorarán y se lamentarán por ella cuando vean el humo de su incendio, mirando de pie desde lejos por causa del temor de su tormento, y diciendo: “¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte!, porque en una hora ha llegado tu juicio” (Apocalipsis 18:9-10). Aunque sin duda Babilonia no es Nueva York en esta descripción, podemos decir que la “gran ciudad” de Nueva York representa en efecto el esplendor, lujo, riqueza material, sensualidad y orgullo.

Ya hemos hablado anteriormente del hecho de condenar el terrorismo y al mismo tiempo aceptar el asesinato de bebés (aborto); la práctica de sodomía (homosexualidad), fornicación y adulterio; la enseñanza de la evolución sin la participación de Dios; el fuerte materialismo y búsqueda del placer. Algunos han sugerido que Dios está castigando a Estados Unidos por estos pecados y por apartarse de su fe inicial en el Señor Dios. Dios no es responsable de esta acción pecaminosa (Él no es el autor del pecado), pero puede usar esto para hacer que Estados Unidos despierte y vea su pecado. Aunque no conozcamos la respuesta completa a todo esto, podemos decir que todo lo material y temporal será quemado y destruido (cf. 2 Pedro 3:7-14). Necesitamos reconocer la perspectiva de Pablo: “al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

Décimo cuarto, la solución a todo esto es la respuesta de Dios. Incluso en esta época la gente está buscando soluciones a la crisis terrorista. Están intentando buscar medios para protegerse del daño y castigar a los que cometieron esta serie de actos inhumanos. Un artículo informó, “El presidente Bush y sus altos asesores informaron a la nación el domingo que debían preparase para un Nuevo tipo de Guerra Global que podría durar años, requerir medios no convencionales y que pondría a prueba la paciencia y el coraje de los estadounidenses y sus líderes”. (Fort Worth Star Telegram). Otras naciones también están discutiendo qué papel jugarían en una Guerra por venir “en contra del terrorismo”.

Pero el problema de fondo que no debemos perder de vista es el eterno problema del pecado y de la alienación del ser humano de Dios (Romanos 3:23; Isaías 59:2). Sólo Jesucristo puede resolver el problema. El dilema fundamental no es político y la solución no es militar. El dilema y su respuesta son de naturaleza espiritual. Cristo vino a este mundo a salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15) e hizo esto muriendo por nuestros pecados y resucitando de los muertos (1 Corintios 15:3-4). El pecado permanecerá en el corazón humano y cualquier acto perverso es posible mientras la gente aparezca alienada de Dios y siga sujeta a sus pasiones carnales. Dios puede salvar a una a persona través de Jesucristo y hacerla una nueva creación con un Nuevo carácter — una persona de amor en lugar de odio, misericordia en lugar de juicio, bondad en lugar de crueldad (2 Corintios 5:17; Gálatas 5:22-23). Cristo es la respuesta — la única respuesta a esta crisis actual y al dilema de todos los tiempos para el pecado humano.

Estos son unos de los puntos y principios que quisiera compartir con ustedes en estos momentos de crisis nacional e internacional. Estamos viviendo tiempos peligrosos y explosivos. Este ataque terrorista es un evento atroz y malvado que no sólo ha afectado profundamente a los estadounidenses sino a gente de muchos otros países. Es casi seguro que se seguirán produciendo actos similares de terrorismo en el futuro, no sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero. Ahora no es tiempo de reaccionar con actitudes mundanas sino de manifestar el carácter de Dios en Cristo Jesús. Ahora es el momento en que la gente que conoce a Dios debe hacer brillar su luz en un mundo de oscuridad.—una oscuridad de terrorismo, traición, odio, falsa religión, perversión, venganza, y crueldad. Jesús dijo, “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Richard Hollerman

 

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