¡Salgan y Reunanse!

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¡Salgan y Reunanse!

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Descubra la Voluntad de Dios para usted
en el Cuerpo de Cristo

Hoy en día vemos miles de personas diseminadas en pequeños pueblos, grandes ciudades y en los campos, que han salido de los cuerpos religiosos que alguna vez conocieron y que ahora están prácticamente solas. Se trata de individuos, familias y pequeños grupos aislados de gente que va en búsqueda de la verdad pero que ya no pertenecen a las iglesias, denominaciones y sectas donde alguna vez fueron miembros.

Estas personas que salen de su agrupación están solas por diferentes razones, pero muchos han decidido conscientemente dejar el pasado atrás, lanzándose por su propia cuenta en la búsqueda de algo más vivo, más honesto y más Bíblico. Algunos han visto una incredulidad desenfrenada en sus antiguas iglesias y han tomado en serio las palabras de Pablo: “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos … ‘Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor” (2 Corintios 6:14, 17). Otros han leído lo que el Señor ordenó a aquellos en “Babilonia la grande”: “Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados” (Apocalipsis 18:4). Otros más han visto cómo el apóstol Pablo “se apartó de ellos [los judíos en la sinagoga] llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano” (Hechos 19:9). Si Pablo se apartó de aquellos que se oponían a la verdad, se concluye que nosotros deberíamos hacerlo de la misma manera hoy.

Conforme estas personas han evaluado su afiliación denominacional pasada, muchos han tomado la propia directiva de Dios al corazón: “Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:13-14). Estas personas prefieren no ser guiadas por “guías de ciegos” en una organización humana que el Señor “desarraigará” algún día. Desde luego, hay quienes observan cómo sus iglesias toleran lo mundano y carnal, y lo comparan con la descripción que dio Pablo sobre “los tiempos difíciles” de los “últimos días” (2 Timoteo 3:1-5). Ellos se percatan de lo que Pablo habla acerca de estas personas mundanas y carnales: “a los tales evita” (v. 5c). Consejos como éste han persuadido a algunos a abandonar su pasado religioso y a simplemente “salir” de las iglesias organizadas.

Estas personas devotas generalmente no se han sentido satisfechas con uno o muchos aspectos de su participación religiosa pasada. Como se vio anteriormente, se han alejado de la apostasía y la incredulidad. Ya han tenido suficiente de falsos maestros y se han apartado de las falsas doctrinas (Romanos 16:17-18). Algunos han decidido salir debido a que han visto que en las iglesias aumenta lo mundano, no queriendo exponer a sus hijos a este peligro (Santiago 4:4; Efesios 6:4). Otros han concluido que ya no pueden tolerar el materialismo y codicia de los miembros de la iglesia, ni la enseñanza de prosperidad de sus pastores (1 Timoteo 6:9-10). Algunas de estas personas fervientes se han hartado de la “fácil creencia” de sus iglesias y del estilo de vida holgado que esta enseñanza produce usualmente. Incluso, otros han advertido la expansión de la inmoralidad sexual, el adulterio y, algunas veces, el homosexualismo encontrado en iglesias establecidas; y no pueden seguir tolerando las condiciones que permiten que esto suceda (Hebreos 13:4; 1 Tesalonicenses 4:3-8).

Muchos padres que han elegido educar a sus hijos en casa, han abandonado las iglesias, percibiendo que son rechazados por la mayoría que opta por la enseñanza piadosa, secular y pública. Existen otros que, sencillamente, ya no pueden estar de acuerdo con el estilo de vida carnal, mundano y de placer que las iglesias establecidas que han conocido promueven (Colosenses 3:1-2). Un cierto número de estas personas que han dejado su agrupación ha visto la diferencia entre el modelo primitivo del Nuevo Testamento y el sistema religioso actual que prevalece en nuestro mundo, y simplemente han decidido abandonar lo que, obviamente, es un distanciamiento de las formas bíblicas.

Aquí se debe añadir algo más: Aún hay almas devotas en denominaciones principales, congregaciones independientes y pequeñas fraternidades, que todavía no han abandonado su membresía o que todavía no han abandonado sus asociaciones religiosas. De alguna forma han asumido, o esperado, que su presencia marque la diferencia. Han tratado de influenciar en el liderazgo o membresía para establecer doctrinas que guarden mayor conformidad con la Biblia, para mantener un estilo de vida más santo o para desarrollar una entrega plena a Jesucristo. Con todo, sus esfuerzos han sido a la larga en vano. Sus familias están siendo influenciadas por cosas mundanas y carnales, sus propias vidas han sido arrastradas por el compromiso, sus contribuciones están sosteniendo un sistema no bíblico, temen traer amigos y vecinos de visita, no sea que se influencien de los elementos no bíblicos. Aunque estas almas entregadas todavía se encuentran dentro de las iglesias establecidas, necesitan salir y buscar algo mejor, algo más Bíblico, algo más agradable a Dios. El desafío de Dios para ellos es el mismo pronunciado por Josué: “escoged hoy a quién habéis de servir” (Josué 24:15)

El mismo compromiso con la Biblia que ha empujado a muchos a salir de iglesias institucionales organizadas y de denominaciones principales, ha persuadido a otras personas a salir de diferentes “templos” y “reuniones familiares.” Tal como las iglesias y denominaciones institucionales pueden desviarse de las Escrituras, así también estos pequeños grupos familiares pueden no estar basados en la Biblia. Estos grupos pueden estar basándose en diversas falsas doctrinas, participar en la generalizada tendencia a lo mundano, aceptar la sucia inmodestia de nuestra era, participar en numerosas prácticas no bíblicas, abrazar la perspectiva feminista secular, permitir a sus hijos estar atrapados en los placeres carnales y, generalmente, caer bajo el mismo juicio que las iglesias organizadas. Es así que algunos han salido de estas expresiones religiosas más informales y se encuentran solos. Ya sea que estas personas hayan salido de grupos más pequeños o de instituciones inmensas de Cristianismo, miles se encuentran solos, sin una congregación cercana. Cada persona, cada familia y cada pequeño grupo de gente que deja su agrupación debe ser considerada como un caso único. Cada uno tiene su propia historia y motivo para estar solo, o casi solo.

En términos generales, estas personas tienen ciertos elementos en común: usualmente provienen de denominaciones, sectas e iglesias establecidas; generalmente tienen un considerable interés por la Biblia y se preocupan por lo que ella enseña. No sólo están interesados en la creencia correcta, sino también en la práctica correcta y en un estilo de vida consistente. Mayormente estas personas tienen una gran devoción por enseñar y discipular a sus hijos en los caminos de la santidad. A los padres usualmente les importa proteger a sus familias de influencias dañinas provenientes tanto del mundo como de las instituciones religiosas. Debido a que han notado que sus antiguas iglesias son espiritualmente muertas, mundanas o indiferentes, ellos han iniciado una búsqueda por encontrar una vida y un ambiente que sean espirituales y verdaderos. Algunas de estas personas han soñado con retornar al tipo de vida y adoración del Antiguo Testamento, pero sencillamente no saben dónde comenzar.

Debemos admitir que no todos los que salen de las religiones establecidas tienen los mejores motivos o el carácter más cabal. En algunos casos se trata de personas problemáticas meramente descontentas, con quienes es difícil estar en compañía. Otros tienen disposiciones y personalidades desagradables por lo que han sido rechazados por sus compañeros miembros y salen con fuertes resentimientos. Un cierto número de estas personas son simplemente individuos que buscan sus propios intereses, que no pueden llevarse bien con la gente ni les gusta otra gente. Seguramente existe un grupo considerable de ellos que sostienen falsas doctrinas y, por consiguiente, no pueden sentirse bienvenidos en una asociación más ortodoxa. Unos cuantos deben haber sido en efecto, excomulgados por diferentes razones. Por último, hay quienes se sienten bien estando solos. Todos ellos deben imaginar que tienen una relación especial con Dios y que no necesitan de otras personas ni éstas los necesitan a ellos.

¿QUÉ ES LO QUE DIOS DESEA?

Hemos hablado suficiente sobre las razones por las que las personas están solas fuera de cualquier congregación. ¿Se identifica con algunas de las descripciones que acabamos de dar? ¿Ha salido usted de su iglesia o denominación anterior y ahora está solo? Por otro lado, tal vez usted se ha comprometido de alguna manera con el Señor en el pasado, pero después de eso nunca se hizo miembro de una congregación. Sea cual fuere el motivo, si actualmente se encuentra solo y preguntándose cómo debería ver su situación, Dios tiene una respuesta. Ahora necesitamos buscar y ver en la Biblia lo que Dios dice sobre aquellos que no pertenecen a cuerpos religiosos organizados, pero que están buscando respuestas.

IDEALMENTE, DIOS NO DESEA EL AISLAMIENTO

Conforme leemos las Escrituras del Antiguo Testamento podemos ver que lo ideal para Dios sería que la gente no estuviera sola. Sin embargo, hay excepciones y la Biblia revela este aspecto. Por ejemplo, recuerde al etíope quien se entregó al Señor mediante el bautizo, luego aparentemente continuó su camino como un cristiano solitario (cf. Hechos 8:35-39). Considere también a Pablo que escribió desde una prisión romana: “todos los que están en Asia me han vuelto la espalda”, luego admite, “En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron” (2 Timoteo 1:15; 4:16). Desde luego que Juan el Bautista debe haber pasado bastante tiempo solo en el desierto, pero su caso es único (cf. Lucas 1:80). Algunos creen que Pablo pasó un largo tiempo solo en Arabia luego de su conversión, pero esto es una mera, y probablemente errada, suposición (cf. Gálatas 1:17; Hechos 26:16-20). También debemos recordar al apóstol Juan que quizá fue desterrado a la isla llamada Patmos sin compañía alguna (cf. Apocalipsis 1:9). Estas referencias bíblicas con respecto a la soledad son excepciones y no la regla. No es para nuestro bien estar solos ni querer el aislamiento y, generalmente, no va con los planes de Dios para nosotros.

Si un cristiano se congrega con sólo uno u otros dos creyentes, es mejor que vivir aislado. Recuerde el consejo de Salomón: “Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante” (Eclesiastés 4:9-10). En otra parte, el sabio dice, “El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza” (Proverbios 18:1). Jesús también habló de la importancia de sólo dos o tres creyentes que se reúnen: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Debemos concluir que, idealmente, Dios no quiere que usted esté solo; Él desea que usted se congregue con otros creyentes obedientes, siempre y cuando usted pueda contar con esta clase de creyentes cerca de donde usted vive.

EJEMPLOS BÍBLICOS DE COMUNIDADES CREYENTES

Hechos de los Apóstoles. Conforme estudiamos el libro de Hechos, observamos claramente que los primeros cristianos eran miembros del cuerpo de Cristo y parte de las comunidades locales de creyentes. El día del Pentecostés, quienes respondieron al mensaje de Pedro sobre el arrepentimiento y el bautismo (Hechos 2:38-39) fueron “añadidos” al cuerpo de creyentes (vv. 41-42). Luego “el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos” (v. 47). Incluso después de esto, leemos que “más y más creyentes en el Señor” “se añadían” a la comunidad de Jerusalén (5:14).

Después que el apóstol Pablo se volvió a Cristo siendo bautizado, lavando sus pecados e invocando el nombre del Señor, las Escrituras dicen que “estuvo con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 22:16; 9:18-19). Posteriormente, cuando fue a Jerusalén, Pablo buscó “juntarse con los discípulos” (9:26). Lucas nos cuenta que muchos años después, Pablo y Bernabé “se reunieron con la iglesia” en Antioquia y enseñaron a los discípulos (11:26). Más tarde, ellos dos recorrieron Galacia de Asia Menor, llevando a la gente a la salvación, después volvieron a visitar cada pueblo (vv. 13-14). Lucas menciona que “designaron ancianos en cada iglesia” de discípulos (14:22-23). Estas referencias muestran que los creyentes se juntaban con otros creyentes en las diferentes localidades geográficas.

Considere también la primera prédica en Europa. Cuatro “evangelistas” o predicadores de las buenas nuevas de Cristo (Pablo, Silas, Timoteo y Lucas), hablaron a un grupo de mujeres en Filipos. Lidia y su casa respondieron bautizándose; convirtiéndose así, en el núcleo de la comunidad de Dios en la ciudad (Hechos 16:13-15). Otros respondieron al mensaje de Cristo y estos “hermanos” aparentemente se reunían en la casa de Lidia (v. 40). Conforme Pablo iba de ciudad en ciudad, judíos, gentiles temerosos de Dios y gentiles paganos se volvieron a Cristo y a Su salvación. Ellos automáticamente formaron parte de la comunidad o asamblea de salvos en su localidad. Cuando Pablo visitaba ciertos pueblos, podía reunir a los discípulos locales porque se conocían mutuamente (cf. 21:4,7,8; 27:3; 28:14). Aún si el número era reducido, se asumía que podían congregarse, siempre y cuando fueran fieles a la enseñanza de los apóstoles.

Las Epístolas. Las cartas apostólicas disponen de una abundante evidencia que muestra que “de hecho” aquellos que eran salvos y obedientes al Señor se reunían con otros. Recuerde que la mayoría de las cartas eran escritas a las mismas comunidades de creyentes de ciudades prominentes (Romanos, Corintios, Efesios, Filipenses, Colosenses, Tesalonicenses). La naturaleza de algunas cartas era más general, como aquéllas dirigidas a cristianos en diversas áreas geográficas (Gálatas, 1 Pedro). Esto indica la importancia del “aspecto comunitario” de la vida cristiana en sus inicios.

En una gran ciudad como Roma, con una población aproximada de casi un millón, los creyentes se asociaban en pequeñas congregaciones en hogares. Por ejemplo, Pablo envía saludos a sus amados amigos, Priscila y Aquila, así como a “la iglesia que está en su casa” (Romanos 16:5). Saluda a cinco varones y “a todos los santos que están con ellos” (v. 15). Mientras Pablo escribe su carta a los Romanos, envía saludos a Gayo quien es “hospedador” de Pablo y de “toda la iglesia” (v. 23). Estas referencias sencillas revelan que los cristianos estaban, generalmente, asociados con otros en un lazo común de fe y amor, incluso si su número en varias localidades, resultaba ser reducido.

Apocalipsis. El último libro del Antiguo Testamento fue escrito para siete iglesias de Asia antigua (actualmente Asia Menor). Estas comunidades creyentes estaban ubicadas en las ciudades de Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (Apocalipsis 2-3). Es interesante observar que el evangelio fue anunciado primeramente a la gente que vivía en las ciudades más grandes; luego, a las más pequeñas y, finalmente, mucho tiempo después, llegó al campo. Pero dondequiera que las personas respondían a la verdad de Cristo, buscaban congregarse con otros que habían respondido de la misma manera y creían en una “salvación común” (cf. Judas 3).

Los Evangelios. Incluso en los Evangelios vemos un indicio de lo que sigue en los planes de Cristo. Por ejemplo, Jesús habla de cómo tratar el pecado de un hermano y reconciliarse entre hermanos (Mateo 18:15-20). Aquí parece que se anticipa a futuras condiciones porque menciona que si el pecador no se arrepiente aun después de una segunda confrontación con testigos, uno debería “decirlo [el pecado sin arrepentimiento] a la iglesia” (v. 17). ¿Qué iglesia o comunidad? Aparentemente se refiere al cuerpo local de discípulos al que pertenece la persona.

PRESUPOSICIONES EN LAS CARTAS APOSTÓLICAS

Mucha de la información contenida en las cartas del Nuevo Testamento presupone que los lectores están en un contexto en el que pueden realizar ciertas instrucciones. Observe varios ejemplos.

Relaciones del Uno con el Otro. Una y otra vez el Nuevo Testamento nos enseña cómo responder a los hermanos y hermanas de manera recíproca. Esta relación es usualmente expresada únicamente con la expresión “el uno con el otro” (griego allelon) o, a veces, el mismo pensamiento es expresado “el uno para con el otro” (griego heautos y, también, heis ton hena; por ejemplo, 1 Tesalonicenses 5:11). Esto habla de una mutualidad o una relación de “dar y recibir.”

Vea las siguientes ordenanzas que emplean este pensamiento:

  • “Con honra, daos preferencia unos a otros” (Romanos 12:10).
  • “Tened el mismo sentir unos con otros” (Romanos 12:16).
  • “Procuremos…la edificación mutua” (Romanos 14:19).
  • “Amonestaros los unos a los otros” (Romanos 15:14).
  • “Saludaos los unos a los otros” (Romanos 16:16; 1 Corintios 16:20).
  • “Que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros” (1 Corintios 12:25).
  • “Servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).
  • “Llevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2).
  • “Soportándoos unos a otros en amor” (Efesios 4:2).
  • “Sed más bien amables unos con otros” (Efesios 4:32).
  • “Perdonándoos unos a otros” (Efesios 4:32; cf. Colosenses 3:13).
  • Cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo” (Filipenses 2:3).
  • “Enseñándoos… unos a otros” (Colosenses 3:16).
  • “Exhortaos los unos a los otros cada día” (Hebreos 3:13).
  • “Alentaos los unos a los otros” (1 Tesalonicenses 5:11).
  • “Vivid en paz los unos con los otros” (1 Tesalonicenses 5:13).
  • “Procurad siempre lo bueno los unos para con los otros” (1 Tesalonicenses 5:15).
  • “Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24).
  • “Confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros” (Santiago 5:16).
  • “Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones” (1 Pedro 4:9).
  • “Revestíos de humildad en vuestro trato mutuo” (1 Pedro 5:5).

Como lo mencionamos anteriormente, estas instrucciones presuponen que los receptores son capaces de realizar estas indicaciones de “unos a otros”, dando y recibiendo de hermanos y hermanas verdaderamente salvos. Esto implica una relación continua, rica y cercana con otros.

Instrucciones para la Unidad y la Cercanía. Quienes escribieron el Nuevo Testamento tienen como su constante lema la unidad de aquellos que forman parte del Cuerpo de Cristo. Por ejemplo, Pablo escribe a los hermanos corintios: “Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). Él hizo una referencia similar en su carta a los santos de Filipos: “pueda oír que vosotros estáis firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio” (Filipenses 1:27). Y nuevamente: “haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito” (2:2). Pablo escribió a los Romanos “Tened el mismo sentir unos con otros” (12:16). Él anhelaba que Dios les concediera ser “de un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes” ellos pudieran “a una voz” glorificar a Dios (15:5-6). Los primeros discípulos estaban “juntos y tenían todas las cosas en común” (Hechos 2:44). Ellos perseveraron “unánimes” y “La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma” (2:46; 4:32). Estos ejemplos e instrucciones dan énfasis a la unión de una relación y vida.

Relaciones Asumidas dentro del cuerpo de creyentes. Varios pasajes evidencian la manera en la que se relacionan los creyentes, y estas relaciones requieren llevar a cabo los mandatos específicos. Por ejemplo, el escritor hebreo dice: “exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13). Más adelante, el mismo escritor menciona “y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca” (10:24-25). Pedro dice: “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10). Pasajes como éstos se cumplen en tanto que nos relacionamos con otros hijos en la familia de Dios.

Dejar de Congregarse. Las diferentes partes en las que la Biblia ordena a los cristianos a no relacionarse con otros, suponen que ellos se congregarán con aquellos que no han sido excluidos. Por ejemplo, Pablo dice que no debemos “andar en compañía de” los que se hacen llamar hermanos o hermanas que sean sexualmente inmorales, avaros, idólatras, maledicientes, borrachos o ladrones (1 Corintios 5:11; cf. vv. 1-13). En otra parte, Pablo menciona que los creyentes deben “apartarse” y no “asociarse con” aquellos que no siguen la tradición apostólica (2 Tesalonicenses 3:6,14-15). Estos tipos de instrucciones prohibitivas muestran, por el contrario, que debemos juntarnos con verdaderos cristianos que están viviendo vidas santas y que guardan las ordenanzas de los apóstoles (ver además Mateo 18:15-20; Tito 3:10-11).

MISIONES

Incluso las misiones de discípulos que predicaban el evangelio revelan la importancia de reunirse con otros creyentes. Cristo, en esta comisión “limitada” durante Su ministerio terrenal, envió a los doce “de dos en dos” para predicar el reino de Dios y el arrepentimiento (Marcos 6:7, 12). Más tarde, designó a otros setenta y “los envió de dos en dos delante de Él” (Lucas 10:1). La “Gran Comisión” (Mateo 28:18-20) fue algo distinto porque estaba dirigido a todos sus seguidores y no sólo a algunos de sus discípulos. No se especificó ir de dos.

Sin embargo, según investigamos la manera en que se llevó a cabo la comisión, observamos que los apóstoles y otros sí tenían compañía. Muchas veces los discípulos iban en pareja (cf. Hechos 3:1; 8:14; 11:25-26; 15:39-40; 17:10; 18:5; 19:22); algunas veces, de tres (cf. Hechos 13:2-5; 16:3; 1 Corintios 16:17); y otras, en mayor número (cf. Hechos 10:23; 11:12; 20:4). Desde luego no podemos pasar por alto el hecho que algunas veces encontramos ejemplos de personas solas que también viajaban y predicaban (cf. Hechos 8:26-27; 9:26,30,32; 11:22; 15:2; 17:14; 18:27; 20:13; Filipenses 2:19, 25). Debemos concluir que los viajes de los primeros discípulos para predicar y enseñar involucraban, generalmente, a dos o más personas; y en algunos casos, por una u otra razón, una persona viajaba y predicaba sola.

EL CUERPO DE CRISTO

El Cuerpo de Cristo es otro concepto que revela la importancia de congregarse con verdaderos creyentes. Pablo, en varios contextos, habla de la íntima relación que debe existir entre los hermanos y hermanas en Cristo dentro del “cuerpo” espiritual de creyentes, cuya cabeza es Cristo. (cf. Efesios 1:22-23; 4:15-16; Colosenses 1:18,24; 2:19). Observe esta declaración: “Nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12.5).

1 Corintios ofrece el tratado más extenso sobre este tema. Aquí Pablo escribe: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:12). Prosigue diciendo: “Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó” (v. 18). Cada persona es un “miembro” específico del “cuerpo” y cada uno tiene un propósito que cumplir. Aquel que se separa y se encuentra cómodo en esa situación, está negando la verdad que el apóstol describe en estos pasajes.

PUNTOS ESENCIALES DE UNIDAD

Una cosa es señalar el énfasis que la Biblia pone en la unidad, cercanía y mutualidad; y otra, aplicarla a la realidad. Con esto no queremos decir en lo absoluto, que todos aquellos que salieron de denominaciones apóstatas o iglesias mundanas deberían estar juntos. Las personas han dejado sus afiliaciones religiosas pasadas por muchas razones diferentes, y no todas estas razones son buenas. Lo que Dios desea para sus amados hijos, que están decididos a seguirle con todo el corazón, es que se reúnan en una íntima comunión que guarde armonía con su propia voluntad.

Hablemos sobre esto por un momento. Cualquier “reunión” debe estar basada en la Biblia la cual es la misma mente y voluntad de Dios. Apartados de ella, simplemente veremos una organización religiosa, aun si dicha asociación es independiente y no institucional. La Palabra escrita de Dios es, definitivamente, fundamental: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17). Así como el hombre de Dios está “equipado”, también la comunidad de Dios está “equipada para toda buena obra” por medio de la Biblia. Pablo declaró que debemos no sólo aceptar las Escrituras hebreas (el Antiguo Testamento), sino también recibir las palabras de los apóstoles. Él escribió: “Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis” (1 Tesalonicenses 2.13; cf. 1 Corintios 14:37). La Palabra de Dios actúa en el pueblo de Dios. Humildemente debemos rendirnos a “las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad” (1 Timoteo 6:3; cf. Mateo 28:20; Juan 17:8,20; Hechos 2:42).

Deberíamos ser capaces de ver que los verdaderos cristianos sólo pueden juntarse si es que desean creer y someterse a la Palabra escrita de Dios. Todos los miembros del cuerpo deben anhelar dejar de lado sus tradiciones eclesiales y humanas que pueden “invalidar” o “anular” la Palabra de Dios (Marcos 7:13; cf. vv. 7,8,9). Ellos deben abandonar “la tradición de los hombres” (Colosenses 2:8) y regresar a las enseñanzas y tradiciones de los apóstoles (2 Tesalonicenses 2:15; 3:6). No deben depender de sus propias teologías, razonamientos, ideas, sueños, visiones o sentimientos subjetivos que ocasionarían un conflicto con la sólida y firme Palabra de Dios que nunca pasará (cf. Jeremías 23:16, 21-32; Proverbios 3:5-6; Mateo 24:35). Las palabras del Señor Jesucristo (Mateo 7:24-27) y de sus apóstoles y profetas (Lucas 10:16; Juan 13:20; Efesios 2:20) proveen el fundamento sólido para la comunidad de Cristo.

Veamos más detalladamente algunos de los puntos en común que los verdaderamente salvos deben poseer si se reúnen en una congregación unida basada en el amor para la gloria de Dios.

LA BASE PARA CREER

Es lógico que la comunidad creyente debe, unánimemente, ¡creer en Alguien y en algo! La idea de que las personas puedan reunirse y congregarse en Cristo sin preocuparse por el fundamento de fe, no tiene sentido, es ilógico y, además no es bíblico. Se puede hablar mucho sobre la fe salvadora según se describe en las Escrituras. En determinados sucesos debemos tener una fe “histórica” o “mental”. Además, debemos confiar y descansar en Jesucristo como el que llevó nuestros pecados y se ofreció para librarnos de ellos. También debemos rendirnos humildemente a Cristo en absoluta sumisión a Su Señorío. Veamos el contenido esencial u objeto de la fe salvadora:

  • Hay un solo Dios, el Padre (1 Corintios 8:6).
  • Dios es uno (Marcos 12:29; Santiago 2:19).
  • Este Dios es Creador y ha hecho todas las cosas, contrario a las teorías de la evolución (Hechos 17:24-31; 4:24).
  • Dios amó al mundo y envió a Su único Hijo (Juan 3:16).
  • Jesús es el Ungido (Cristo, Mesías), el Hijo del Dios Viviente (Mateo 16:16; Juan 20:30-31; 1 Juan 5:1, 5).
  • Jesús es el Señor (Romanos 10:9) y Salvador (1 Juan 4:14).
  • Jesús fue concebido y nació de una virgen (Mateo 1:23).
  • Jesús vivió una vida sin pecado (1 Juan 3:3, 5, 7).
  • Jesús murió por nuestros pecados (1 Pedro 2:24; 3:18).
  • Jesús fue resucitado de los muertos (1 Corintios 15:1-4).
  • Jesús ascendió a Dios el Padre y regresará para juzgar al mundo (Hechos 2:33-35; 17:31).
  • Jesús es el único camino de salvación del pecado, muerte y castigo eterno (Juan 14:6; Hechos 4:12; 1 Timoteo 2:5).

Desde luego sabemos que somos salvos “por gracia… por medio de la fe” (Efesios 2.8), pero es vital para nosotros saber exactamente lo que debemos creer a fin de ser salvos de esta manera. La iglesia tiene el fundamento adecuado cuando los miembros del cuerpo tienen esta fe completa, sólida, plena y salvadora en Dios por medio del Señor Jesucristo. Fuera de esto, no hay salvación. Toda la comunidad de creyentes, como un todo, debe abrazar este tipo de fe, ya que sabemos que no hay salvación para la persona sin esa fe bíblica y bien fundada.

LA GRAN COMISIÓN

Es evidente que muchos no se dan cuenta de la profunda importancia de los mandamientos que nuestro Señor dio a sus seguidores antes de partir de este mundo para sentarse a la diestra del Padre que está en los cielos. En realidad, algunos desechan Sus instrucciones, tomándolas como relevantes sólo para el primer siglo. En la mayoría de los casos, la gente simplemente reconoce que Jesús dijo estas palabras, pero no las toma con la debida seriedad que se merecen.

Es imposible hacer justicia a todo lo que Jesús dijo en ese tiempo. Citemos simplemente sus palabras y hagamos varias observaciones.

Mateo 28:18-20

En la primera versión registrada de la “comisión,” el Señor Jesús dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). Examine nuevamente con cuidado la declaración inspirada de Cristo. Podemos extraer varios puntos de sus palabras:

  • Las palabras de Cristo están basadas en Su autoridad universal (v. 18).
  • Se tiene que hacer seguidores o “discípulos” de todas las naciones (v. 19).
  • Tienen que ser bautizados “en el nombre” (es decir, en una relación con o en posesión) del Padre, Hijo y Espíritu Santo (v. 19).
  • En realidad, tienen que ser “sumergidos” en esta relación (el griego baptizo significa inmersión, zambullirse, hundirse, sumergirse, sumir, inundar).
  • Se tiene que enseñar a estos discípulos que han sido inmersos a obedecer todo lo que Jesús ordenó (v. 20).
  • A medida que obedezcan Sus instrucciones en la comisión, Cristo promete Su presencia hasta el fin del mundo (v. 20).

¿De da cuenta cuán absolutamente importante es este pasaje para la comunidad de los santos?

Marcos 16:15-16

Ahora observe el siguiente versículo acerca de la comisión de Cristo para sus seguidores: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Marcos 16:15-16). Podemos aprender diversos puntos a partir de estas palabras:

  • El evangelio tiene que ser predicado a todas las personas (v. 15).
  • El que creyere en el evangelio (las buenas nuevas) de Cristo y fuere bautizado (sumergido), “será salvo” (v. 16).
  • El que rechaza creer, será condenado (v. 16).

Debemos dar especial atención a estos aspectos de la comisión, pues una comunidad de santos debe reconocerlos como verdades básicas de Cristo Jesús el Señor.

Lucas 24:46-47

La versión de la comisión en Lucas añade más información: “Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47). Considere los diversos hechos de este pasaje:

  • El evangelio de Cristo es anunciado (su sufrimiento y resurrección de los muertos) (v. 46).
  • Todas las naciones necesitan arrepentirse de sus pecados (v. 47).
  • Este arrepentimiento traerá el perdón de pecados (v. 47).

Debido a que esta comisión del Señor es ligeramente distinta de las anteriores, añade información valiosa de manera que podamos conocer la voluntad completa del Señor resucitado.

El Día del Pentecostés (Hechos 2)

Ahora tenemos que hacer las preguntas vitales: “¿Entendieron los apóstoles las palabras de Cristo al igual que nosotros? ¿Cumplieron esta comisión muy cuidadosamente?” El Día del Pentecostés es el gran momento de “prueba” porque es cuando, por primera vez, se da el Espíritu Santo y se proclama el evangelio en toda su plenitud. Lea por sí mismo el pasaje completo (vv. 1-41). Preste especial atención a esta parte:

Conclusión: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (v. 36).

Pregunta: “Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos?” (v. 37).

Respuesta: “Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo . . .” (v. 38).

Propósito: “…para perdón de vuestros pecados;”

Promesa: “y recibiréis el don del Espíritu Santo” (v. 38).

Alcance: “Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame” (v. 39).

Llamado: “Y con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: Sed salvos [sálvense ustedes mismos] de esta perversa generación” (v. 40).

Respuesta: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (v. 41).

¿Los procedimientos del Día del Pentecostés concuerdan con las instrucciones precisas del Señor en su Gran Comisión? ¡Por supuesto! Hagamos un resumen:

  • El evangelio de Cristo fue proclamado (vv. 22-36).
  • Pedro instó a los oyentes pecadores a que se arrepintieran de sus pecados (v. 38).
  • Les dijo que debían arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesucristo para el perdón de esos pecados (v. 38).
  • Menciona que Dios daría, a quienes respondieran de tal manera, “el don del Espíritu Santo” (v. 38).
  • Esta promesa está al alcance de todas las personas (v. 39).
  • Invoca a los oyentes a salvarse del destino que les espera a quienes permanecen en sus pecados (v. 40).
  • Aquellos que respondieron favorablemente a las palabras de Pedro, fueron bautizados de inmediato en agua (v. 41).
  • Quienes recibieron la palabra de salvación (v. 41), creyeron en Cristo (v. 44), se arrepintieron de sus pecados (v. 38) y fueron bautizados (vv. 38, 41), llegaron a congregarse entre ellos y con los apóstoles (v. 41).

No hemos revisado los otros pasajes adicionales que pondrían en claro el mensaje predicado por los primeros discípulos, y la respuesta de quienes deseaban ser salvos y perdonados; sin embargo, hay muchos de ellos (cf. Hechos 3:19,26; 8:12-13, 35-39; 10:42, 47-48; 11:8; 16:13-15, 30-34; 17:30-31; 18:8; 19:1-6; 20:21; 22:16; 26:18-20).

Concluimos diciendo que cuando Cristo (la Cabeza) forma a Su pueblo (el cuerpo), Él trabaja según lo que ya ha revelado en las Escrituras. Cuando Dios el Padre crea a Su familia, Él lo hace en armonía con lo que ha revelado en Su Palabra escrita. Hoy en día, quienquiera que desee “salir” de su formación religiosa, debería pensarlo bien y con cuidado según estas verdades.

LA MISMA FUENTE DE AUTORIDAD

Todos los creyentes en Cristo o miembros del cuerpo, deben tener la misma fuente fundamental de autoridad. En el mundo religioso, a las personas les gusta ver diversas fuentes que sólo terminan en confusión, falsa ilusión y división. Observe algunas de ellas:

(1) Experiencias Subjetivas. Muchas personas creen que han tenido algún tipo de experiencia: sueño, visión, aparición o la misma conversión; y luego confían en esto para su salvación o lo toman como prueba de la verdad.

(2) Intuición o Sentimientos Personales. Mucha gente está convencida que algo debe ser verdadero porque siente algo bueno, religioso o “espiritual.”

(3) “Premoniciones”, “Impresiones”, “Voces”, “Palabras” y “Liderazgos” Internos. Algunas personas devotas están completamente dominadas por estas percepciones subjetivas y dependen de ellas como su base para tomar decisiones y probar la verdad.

(4) Tradición Religiosa. Muchos religiosos dan énfasis a tradiciones humanas que han sido santificadas por siglos de lealtad. La creencia y enseñanza de los ancestros y padres fundadores se convierte en la consideración principal.

(5) Credos, Confesiones, Declaraciones, Normas Eclesiales y Disciplinas. Estos documentos surgen de hombres falibles, por lo tanto no pueden conducirnos de manera infalible a la verdad.

(6) Un Líder Religioso: “Papa”, Pastor, Profeta, Predicador, Sacerdote, Obispo, Presidente. Estos hombres se equivocan y, usualmente, son falsos en sus opiniones y pronunciamientos, así que no se puede confiar en ellos como fuente de verdad final.

(7) Convenciones, Conferencias, Consejos Religiosos. Dichos grupos de hombres falibles que se sientan en las sesiones, se han equivocado y han sido motivados por fines nada honorables; es por esto que sus pronunciamientos no pueden llevar la máxima autoridad.

(8) La “Iglesia”. Por lo general, quienes dicen que uno debe estar sujeto a la “autoridad de la iglesia”, realmente no se refieren a la iglesia (las personas en conjunto); sino, al liderazgo que ejerce control y autoridad sobre la iglesia por derecho de cargo (sea el llamado “Papa”, los obispos, el sacerdote o cualquier otro líder eclesial).

(9) Padres, Familia u otro Miembro de la Familia. Los miembros de la familia pueden desear sencillamente perpetuar una falsa doctrina o afiliación religiosa; por lo tanto, no se puede depender de su verdad.

Todos ellos pueden errar y en efecto han errado en el pasado. Uno puede sentir que es salvo, pensar que es salvo y asumir que es salvo, sin embargo ¡seguir perdido todo ese tiempo! Recuerde: “Más engañoso que todo, es el corazón” (Jeremías 17:9). Uno puede experimentar la felicidad y paz, pero su corazón puede no haber cambiado y seguir endurecido a la verdad. Uno puede dar muestras de “fruto”, pero aún este puede ser engañoso para los que observan. En todas estas circunstancias, debemos tener una desconfianza decisiva en nuestros sentimientos, experiencias, percepciones y opiniones. “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Entonces ¿Cuál es nuestra autoridad final?

  • Dios es nuestra máxima autoridad. “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29; cf. Romanos 3:4).
  • Cristo tiene toda la autoridad. “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18: cf. Efesios 1:20-22; Colosenses 1:17-18; Filipenses 2:9-11).
  • La Palabra de Dios y de Cristo tiene toda la autoridad. “La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).

La comunidad de santos debe reconocer que Dios el Padre y Cristo Jesús el Señor son la autoridad final. Es verdadero todo lo que ha sido revelado por Dios. Debemos obedecer todo lo que Jesús nos ordenó. Debemos creer todo lo que las Escrituras afirman. Debemos someternos y obedecer todos los mandamientos de la Palabra de Dios.

Cuando todos los miembros del cuerpo rechacen ser engañados por fuentes de autoridad falsas o sustitutas, podrán tener la dirección adecuada. Cuando toda la iglesia se entregue completamente a la autoridad de Dios, los creyentes podrán trabajar en armonía el uno con el otro. Cuando miren la voluntad de Dios en todo lo que hagan, cuando busquen las palabras de Dios para ser dirigidos, cuando estudien diligentemente las Escrituras; entonces, tendrán la autoridad que ellos necesitan en la vida.

EL FUNDAMENTO SÓLIDO

Se confía en la construcción si se confía en el fundamento. Si éste es débil o mal hecho, el edificio mismo puede colapsar. Al buscar en las Escrituras, observamos que la figura de una construcción es usada varias veces y, en cada caso, podemos aprender algo sobre la comunidad de Cristo.

Primero, la comunidad está construida sobre la verdad que Jesús es el Cristo (Ungido), el Hijo de Dios. Pedro confesó “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Jesús respondió “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (vv. 17-18). Del mismo modo en que un carpintero construye su casa sobre una base sólida, también nuestro Señor está diciendo aquí que Él construiría su asamblea o congregación de seguidores sobre una “roca” sólida. El griego para “roca” es petra, que significa “una masa de roca,” una fundación sólida de roca. Algunos tienden a decir que Jesús construyó su cuerpo de seguidores sobre Pedro; sin embargo “Pedro” viene del griego petros, que significa piedra o fragmento de roca (W. E. Vine, Expository Dictionary of New Testament Words [Diccionario Expositivo Sobre Palabras del Nuevo Testamento]). Por lo tanto, probablemente Jesús está dando a entender que Él construiría su cuerpo de discípulos en la “roca” sólida que era Él mismo y en la confesión de Pedro de que Él era el Hijo de Dios (v. 16).

Segundo, Pablo cita el hecho de que él era “un sabio arquitecto” que puso el “fundamento” en Corinto cuando predicó por primera vez el evangelio en aquella ciudad (1 Corintios 3:10). Él continúa diciendo “Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo” (v. 11). Así como Cristo Jesús fue el fundamento del “edificio de Dios” que Pablo comenzaría (v. 9), cualquier comunidad de creyentes que hoy se inicie, debe estar fundada sobre Jesucristo, el Señor y Salvador.

Tercero, Pablo escribe a los Efesios y compara al pueblo del Señor con los miembros “de la familia de Dios” (2:19). Prosigue diciendo “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular” (v. 20). Los profetas y apóstoles del Nuevo Testamento (cf. 3:5; 4:11) eran el “fundamento” porque comunicaban la voluntad autoritaria e infalible de Dios a Su pueblo. Nosotros, también, debemos tener el mismo fundamento si vamos a formar parte de la casa o familia de Dios.

Cuarto, Jesús añade a lo anterior, dándonos la parábola de los constructores (Mateo 7:24-27). Él hace referencia al “hombre sabio” que “edificó su casa sobre la roca” (v. 24). Este representa al hombre que oye (o lee) las Palabras de Cristo y actúa en base a ellas. Lo que es cierto para el personaje en la historia narrada por Cristo, es cierto para la comunidad de santos. Debemos oír, leer, recibir, creer, obedecer y enseñar Sus palabras si queremos ser edificados sobre la roca sólida de Su Palabra.

Los fieles discípulos deben tener cuidado de edificar con sabiduría y según el plan de Dios. Deben estar seguros que Cristo mismo, la verdad de Su identidad, la revelación de los mensajeros de Dios y las palabras de Cristo, constituyen el fundamento sobre el cual todo lo demás descansará. Hoy en día, algunos están edificando basándose en evangelistas populares, tradiciones eclesiásticas y líderes de iglesia; otros fundan su vida congregacional sobre revelaciones extra bíblicas, sueños, voces, visiones y sentimientos subjetivos. No intentemos hacer una comunidad de santos sobre este tipo de base defectuosa.

LOS SIETE PILARES DE LA UNIDAD

Cuando Pablo escribe a los Efesios, los exhorta diciéndoles: “esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Luego procede a enumerar las siete verdades que todos los creyentes de Efeso abrazaron y pudieron afirmar. Tal vez menciona siete porque comúnmente se considera que este número representa lo completo. Ya que estos puntos están estrechamente ligados a la unidad del Espíritu (una unidad producida por el Espíritu Santo), con mucha seguridad podemos decir que, hoy, una comunidad de verdaderos creyentes puede, de manera conjunta, basarse en estas mismas verdades. Note los siete puntos que Pablo menciona en esta sección (vv. 4-6):

  • “Un cuerpo”—Sólo hay un cuerpo de Cristo, formado por aquellos que “por un mismo Espíritu … [fueron] bautizados en un solo cuerpo” (1 Corintios 12:13). El cuerpo significa el pueblo de Dios, la familia de Dios, la iglesia o comunidad de Cristo (Efesios 1:22-23; 5:23,25; Romanos 16:16). Definitivamente esta verdad censuraría a los que promueven y se regocijan en organizaciones, sectarismos y denominaciones extra bíblicas.
  • “Un Espíritu”—El Espíritu Santo es otorgado a quienes creen en Cristo Jesús (Gálatas 3:14; Efesios 1:13-14). La Escritura también señala que Dios da el Espíritu a los que le obedecen (Hechos 5:32) y se vuelven a Él en arrepentimiento y bautismo (Hechos 2:38; Gálatas 3:26-27 con 4:6). El Espíritu de Dios produce fruto (Gálatas 5:22-23) y da a los creyentes fortaleza y poder para vencer el pecado y vivir en santidad (Romanos 8:13; Efesios 3:16).
  • “Una esperanza”—Ellos fueron “llamados en una esperanza de [su] vocación”. El cristiano anhela el Reino de Dios (2 Pedro 1:11; Mateo 25:31-34), las “moradas” que Jesús ha ido a preparar (Juan 14:1-3) y una herencia celestial (1 Pedro 1:3-4). Todo está centrado en Jesús mismo, “Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Colosenses 1:27). Tenemos una “esperanza bienaventurada” de su manifestación gloriosa (Tito 2:13). ¡Cada cristiano tendrá un gran consuelo en dicha esperanza para el futuro!
  • “Un Señor”—Los verdaderos creyentes han recibido a Jesús como Señor al momento de su conversión y siguen sometiéndose a Él como Señor a lo largo de sus vidas. Pablo dijo que si uno “confesare” con su boca que Jesús es el Señor, y creyere en su corazón que Dios le levantó de los muertos, será salvo (Romanos 10:9-10). Pero el hecho de rendirse a Su Señorío debe continuar toda la vida: “Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en El” (Colosenses 2:6). Se debe ver el reconocimiento de Su Señorío en sumisión real y obediencia práctica de Su voluntad. Jesús hizo una pregunta directa: “¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46).
  • “Una fe”—Todos los verdaderos creyentes son leales a la misma “fe”. Evidentemente este es el uso objetivo del término que hace referencia al objeto de la fe salvadora o al conjunto de verdades al que nuestra fe personal responde. Habla del evangelio de Jesucristo (1 Corintios 15:1-4), de la gracia de Dios (Hechos 20:24) y del reino (Hechos 28:31). Debemos “contender ardientemente” por estas verdades (Judas 3) y seguir en la fe si esperamos presentarnos aceptables delante del Señor (Colosenses 1:22-23).
  • “Un bautismo”—El singular acto de bautismo (inmersión) tiene lugar al inicio de la vida cristiana, según lo hemos descubierto en el estudio de la Gran Comisión (Mateo 28:19; Marcos 16:16), en los ejemplos del libro de los Hechos (2:38-41; 8:12, 36-39; 10:47-48; 16:14-15, 33-34; 18:8; 19:5; 22:16) y en la explicación de las cartas del Nuevo Testamento (Romanos 6:3-4; Gálatas 3:26-27; Colosenses 2:11-13; 1 Pedro 3:20-21). Existen dos aspectos en este acto: el espiritual (el Espíritu Santo—Hechos 2:38-39; Gálatas 3:26-27; 4:6; Hechos 19:1-6) y el material (el agua—Hechos 8:36-39; 10:47-48; cf. Efesios 5:26?; Juan 3:5?). Como los otros elementos, el bautismo es una experiencia que todos los de Efeso tenían en común.
  • “Un Dios y Padre”—Obviamente, esta es una verdad que cada cristiano de Efeso tomó para sí. Es fundamental para las demás verdades esenciales de la Escritura. Una y otra vez leemos que hay un solo Dios verdadero (1 Corintios 8:6; 1 Timoteo 1:17; 2:5; 6:15) y que, a la vez, es Padre del Señor Jesucristo (1 Juan 1:3) y Padre de Sus hijos e hijas espirituales (1 Juan 3:1-2; 2 Corintios 6:18). Los verdaderos cristianos tienen la certeza que son hijos de Dios y que esta relación trae bendiciones y seguridad espiritual (Romanos 8:14-17).

La fiel comunidad de Cristo debe entender, creer, obedecer y enseñar estas siete verdades básicas. Ellas son esenciales y no negociables. A pesar que la lista ciertamente está incompleta, podemos ver cuán vitales son estos hechos.

LA ENSEÑANZA BÁSICA

Una lista similar a la anterior se encuentra en Hebreos 6:1-2. El escritor inspirado dice, “Por tanto, dejando las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento de …” (v. 1). Él continúa con una lista de seis puntos “básicos” que conforman el “fundamento” o enseñanza elemental de Cristo. Presume que sus lectores habrían aprendido o experimentado estas bases al inicio de su vida cristiana. Veamos los que menciona:

  1. “Arrepentimiento de obras muertas” (v. 1). Para ser perdonadas, las personas necesitaban arrepentirse de hechos pecaminosos que llevan a la muerte. Si no había un cambio interno del corazón, ellos morirían en sus pecados y estarían perdidos (Romanos 6:21-23; Juan 8:24).
  2. “Fe en Dios” (v. 1). A fin de ser salvos, también tenían que ejercitar una viva fe en Dios. Claramente, esto incluiría una fe en el Señor Jesucristo como el Hijo de Dios y Salvador del pecado (Juan 5:24; 14:1; 1 Pedro 1:21).
  3. “Lavamientos” (v. 2). El término es baptismon (Griego, baptismon, b a p t i s m o n ) de baptismos, es decir “bautismos.” Esto podría referirse a la necesidad de diferenciar el bautismo (inmersión) en Cristo del bautismo de Juan, del bautismo prosélito judío y, más aún, de los “bautismos” paganos. Si aplicamos esto a nuestro contexto contemporáneo puede ayudarnos a mostrar la diferencia entre el bautismo cristiano y otros bautismos denominacionales.
  4. “Imposición de las manos” (v. 2). Tal vez esta sea una referencia al otorgamiento del Espíritu o de dones espirituales (Hechos 8:17; 19:5-6; 9:12-17), que busca la bendición para predicar (Hechos 13:3), escoger un cargo en la iglesia (Hechos 6:6) o como medio para sanar (Marcos 16:18; Hechos 28:2).
  5. “Resurrección de los muertos” (v. 2). Tenemos conocimiento que la resurrección de Cristo es central en el mensaje del evangelio (1 Corintios 15:4; cf. vv. 1-20; Romanos 10:9; 14:9). Sin embargo, se debe considerar no sólo la resurrección de Cristo, sino también la de los creyentes (1 Tesalonicenses 4:16; 1 Corintios 15:22-23, 35-58) y de todas las personas en general (Juan 5:28-29).
  6. “Juicio eterno” (v. 2). Los creyentes deben comprender algo del juicio de Dios sobre aquellos que están en pecado. Deberíamos estar completamente convencidos de su justa ira contra el pecador (Romanos 1:18), del fuego eterno que le espera (Mateo 25:41) y del castigo eterno que será su destino (Mateo 25:36).

Estos son el tipo de verdades y experiencias que conforman las “enseñanzas elementales de Cristo”. Por lo tanto, deberían ser tomados por quienes iniciarán una vida en Su cuerpo.

¿CÓMO EMPEZAMOS?

Usted puede decir, “Lo que he leído tiene sentido. Estoy convencido que es bíblico y representa la voluntad de Dios, pero ¿cómo empezamos?” Esta es una pregunta razonable en vista de lo que hemos aprendido hasta el momento. Brevemente veamos una lista de puntos que debería considerar cuidadosamente y aplicarla a fin de cumplir el plan de Dios.

 

  1. Asegúrese de entender lo que hemos discutido en la primera parte de este folleto.

Regrese y vuelva a leerlo si le es necesario, para entenderlo con mayor claridad. Busque y lea los pasaje bíblicos. Usted debe ver el ideal de Dios y tener la motivación para seguirlo.

  1. Ore por mayor guía espiritual.

No hay mucha esperanza para el que está contento con su limitado conocimiento actual. Esté deseoso por orar ferviente y honestamente por que Dios le dé más luz espiritual tanto respecto a su propia situación, como a cualquier grupo al que pertenece actualmente. El salmista oró: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley” (Salmos 119:18). Y dijo más adelante “La exposición de tus palabras imparte luz” (v. 130). Busque la guía de Dios en cada aspecto importante de su vida.

  1. Asegúrese de su propia salvación.

Se hace evidente que usted no puede involucrarse con una comunidad de creyentes de acuerdo a la Biblia a menos que esté completamente convencido de su propia salvación. Sabemos que la mayor parte de gente religiosa, de miembros de iglesia e incluso de cristianos profesos, no han sido genuinamente salvados. “Muchos son llamados, pero pocos son escogidos” (Mateo 22:14). “Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán” (Lucas 13:23-24). Los “pocos” salvos se aplica también a gente devota que ha “salido” de iglesias y denominaciones establecidas en busca de un mejor camino. Jesús dijo claramente: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14).

Jesús continuó diciendo que aunque muchos llaman a Jesús “Señor,” sólo pocos son los que desean, humildemente y de todo corazón, hacer la voluntad de Dios que está en los cielos (Mateo 7:21-23).

Por tanto, debería pensar en su pasado y en lo que usted creyó que era su “conversión, “experiencia de salvación” o “experiencia de nacer de nuevo” (las personas emplean diferentes términos). Compárelo con todo lo que Dios dice en Su Palabra sobre el perdón de pecados. ¿Verdaderamente creyó en Jesús? ¿Confió en su muerte salvadora en la cruz? ¿Dejó de confiar en su propia bondad y religión? ¿Tuvo un sincero arrepentimiento de sus pecados y se apartó de lo malo? ¿Confesó a Jesús como Señor y propósito para vivir en obediencia a Él? ¿Se bautizó (mediante la inmersión) en una relación viva con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? ¿Invocó al Señor para que le dé Su salvación? Preguntas como éstas deberían dejar en claro su misma posición delante de Dios. Si no ha sido verdaderamente salvo en el pasado, ahora es el momento para que responda personalmente a Su gracia salvadora. (Por favor, solicite más información sobre este punto si desea mayor explicación.)

  1. Asegúrese de la salvación de aquellos con quienes se reúne y congrega.

Quizás usted no está completamente solo, sino que tiene algunos amigos cercanos con quienes comparte el mismo interés espiritual. Así como usted debe preguntarse sobre su propia relación con Dios, no asuma equivocadamente que sus queridos amigos y amados con quienes se congrega son verdaderamente salvos. De la misma manera que usted tuvo que ser honesto consigo mismo y admitir que pudo haber estado engañado, también ellos pueden haberse equivocado sobre este asunto crucial. Ellos pueden ser personas cuidadosas, sacrificadas y devotas que disfrutan la oración, el canto, la lectura de la Escritura y hablar de Jesús, pero todavía pueden necesitar de más luz y salvación genuina (cf. Hechos 10:2-4, 31-34 con 11:14).

Dios honrará y recompensará al grupo de personas que están seriamente preocupados sobre Su verdad y que anhelan hacer Su voluntad (cf. Hechos 17:11). Por lo tanto, antes que prosiga, necesita establecer el tema de su propia salvación y la de aquellos que están en cercana relación con usted—si es que existe alguna.

  1. Si su salvación en el pasado se realizó conforme a la Biblia, mire entonces honestamente su relación presente con Dios.

En este ejercicio mire también a su familia y amigos. ¿Está usted completamente enamorado de Dios (Marcos 12:29-30)? ¿Siente amor por otros que usted considera sus hermanos y hermanas en Cristo (Juan 14:34-35)? ¿Está siguiendo la santidad con todo su corazón (Hebreos 12:14)? ¿Está caminando separadamente del mundo también en las cosas prácticas (Romanos 12:2)? ¿Está viviendo en obediencia a toda la voluntad de Dios que ahora conoce (1 Juan 2:17)? ¿Está rechazando desobedecer la Palabra de Dios en cualquier asunto (Lucas 6:46)?

Cuando reflexione cuidadosamente sobre estas preguntas y ore por ellas, probablemente se dará cuenta que ha fallado en alguna medida ¡No descarte esta convicción ni viole su conciencia (1 Timoteo 1:19)! Sino arrepiéntase del pecado que ve (Apocalipsis 3:19; Hechos 8:22), confiéselo abiertamente a Dios (1 Juan 1:9) y decídase a abandonarlo (Proverbios 28:13). Esto es profundamente importante porque no puede pensar en congregarse con otros hasta que haya establecido la pregunta de su propia relación sincera con Dios.

  1. Llegue a otras personas con la esperanza de reunirse en Cristo.

Estas personas pueden ser hombres, mujeres y jóvenes que han dejado su antigua agrupación. Por otro lado, pueden estar todavía en organizaciones religiosas humanas y necesitan salir del pecado, compromiso, cosas mundanas, falsa doctrina y prácticas no bíblicas. Cabe tener la esperanza de que ellos sean verdaderos “buscadores” de Dios quien pondrá Su Palabra y Su voluntad antes y por encima de cualquier otro compromiso en su vida. Aquí hay diversos puntos que considerar:

  1. Considere a todas las personas conocidas que puedan estar abiertas a reunirse de una manera sincera y sencilla, libres de arreglos eclesiásticos y enredos denominacionales. Discuta con ellos tanto sus preocupaciones como la voluntad de Dios para Su pueblo. Ayúdeles a prever el deseo de Cristo por edificar Su comunidad santa en medio de este mundo malo y oscuro.
  2. Esté dispuesto a considerar si es que estos buscadores sinceros han sido verdaderamente salvos. Hable con ellos (de manera honesta y cordial) sobre el significado del evangelio de Cristo. Averigüe si en realidad tuvieron fe en Cristo en el momento que se consideraron salvos, si realmente se arrepintieron y renunciaron a su estilo de vida y a todo tipo de relación pecaminosa. Examine si realmente fueron bautizados en Cristo, en Su muerte y en el perdón de Dios, o si tuvieron una concepción denominacional típica de simplemente testificar al mundo de una asumida conversión pasada o de sencillamente unirse a una denominación humana al momento de su “bautismo.” (Existen algunos, desde luego, que equivocadamente presumen que fueron salvos, perdonados y nacidos de nuevo cuando realizaron una ceremonia infantil llamada “bautismo.”) Pregúnteles si es que realmente nacieron de Dios en algún momento, o si están totalmente confundidos con respecto a su supuesta experiencia de nuevo nacimiento.
  3. Converse para saber si estos buscadores están actualmente caminando en el Señor y en santidad, o si están viviendo una vida pecaminosa de compromiso con el mundo y con falsas doctrinas. Si reconocen una carencia en su vida, a pesar de haber sido verdaderamente salvos anteriormente, ayúdeles a que se entreguen nuevamente al Señor por medio de un sincero arrepentimiento, confesión abierta y total repudio del error.
  4. Comparta con ellos la verdad bíblica sobre congregarse en el cuerpo de Cristo. Hable con ellos sobre el deseo de Dios de que Su pueblo sea uno, que ellos tendrán pleno compañerismo el uno con el otro y que se reunirán siempre que sea posible para la adoración y edificación. Estudie el ideal bíblico de vida en comunidad íntima, la cual involucra a hermanos y hermanas en Cristo.
  5. Si llega a descubrir que usted y ellos son salvos, y que viven en obediencia fiel a la voluntad de Dios, sólo entonces son uno en Cristo. Si ustedes se conducen correctamente con Dios y viven cerca, deben reunirse. El pueblo de Dios, para serle fiel, debe “salir” de asociaciones, grupos y movimientos religiosos falsos. Pero para ser fieles, ¡también deben “reunirse” en completo compañerismo, unidad y cercanía! Usted es una manifestación local del cuerpo de Cristo y todos los miembros deberían encontrar su lugar únicamente dentro de ese cuerpo.
  6. Recuerde que muchas (la mayor parte) de las personas que abandonan una congregación, no tienen una relación correcta con Dios. Es muy fácil que asumamos erróneamente que por el simple hecho de haberse alejado de sistemas religiosos comprometedores y falsos, estas personas prueban, por lo tanto, fidelidad a Dios. ¡De ninguna manera! Ellas pueden estar tan ligadas a la tradición, ser mundanas, leales a las falsas doctrinas y prácticas, y probablemente han comprometido tanto su fe como aquellos que siguen siendo miembros de grandes sistemas religiosos. Usted tendrá que descubrir si las personas que usted conoce están seriamente interesadas en servir a Dios sin ningún tipo de compromiso con el mundo y en obedecer Su voluntad con todo su corazón.
  1. “Donde están dos o tres congregados.”

Ahora es el momento de empezar a reunirse. La Escritura asume que los verdaderos creyentes, que se congregan en el nombre de Dios y mutuamente, se reunirán con regularidad (siempre que vivan cerca). No necesita grandes cantidades para reunirse. Dos o tres darán el inicio. Recuerde que Jesús prometió “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Anhele hacer lo que pueda a fin de agradar a Dios aunque sus posibilidades sean limitadas. Busque oportunidades de traer a otros a Jesús para que sean salvos (1 Corintios 9:22) y comparta con todos la visión de Su cuerpo.

  1. Participe de los encuentros de edificación y adoración.

Diversos pasajes nos guían a congregarnos como una comunidad de Cristo. Observe el énfasis de este regular “congregarse” o “reunirse” regularmente (cf. 1 Corintios 11:17,18,20,33,34; 14:23,26). La reunión como cuerpo es una orden y no debe ser dejada de lado: “Considerémonos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros; y mucho más, al ver que el día se acerca” (Hebreos 10:24-25). Algunos amigos pueden amonestarle con este pasaje y exhortarle a asistir al servicio denominacional local para no “dejar de congregar.” Pero recuerde que quien escribió Hebreos tenía en mente a una iglesia santa, Bíblica, Cristo-céntrica y piadosa formada por una comunidad verdadera de creyentes y no cualquier iglesia, ¡definitivamente no era una congregación denominacional mundana!

En las reuniones bíblicas a las que nos referimos, todos debían procurar abundar los dones espirituales para la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:12; cf. vv. 3,5,17). De hecho, Pablo declara “Que todo se haga para edificación” (1 Corintios 14:26). El término “edificación” (Griego, o i k o d o m h , oikodome) literalmente se refiere al “acto de construir” y, figurativamente, es empleado para la “promoción de crecimiento espiritual” (W.E. Vine, Diccionario Expositivo Ampliado de las Palabras del Nuevo Testamento de Vine, pp. 347-348). Por lo tanto, el propósito primario de los encuentros de los hermanos y hermanas, debería ser el crecimiento espiritual, la exhortación y edificación de cada miembro del cuerpo.

Inmediatamente después que la gente se arrepintió de sus pecados y fue bautizada en el día del Pentecostés (Hechos 2:38, 41), empezaron a congregarse para actividades colectivas: “Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración” (v. 42). Podemos ver cuán ansiosos estaban por relacionarse el uno con el otro en amor, y cuanto se dedicaban a estos momentos de su vida en comunión.

  1. Comparta todos los aspectos de reunirse.

La Palabra de Dios menciona muchos aspectos diferentes de las reuniones de las primeras comunidades de Cristo. Lo que sigue ha sido extraído de diversos pasajes:

  1. Oraciones públicas (Hechos 2:42; 12:5,12; 13:3; 14:23; 1 Corintios 11:4-5; 1 Timoteo 2:1-2,8; 1 Corintios 14:15-16).
  2. Partimiento del pan (La Cena del Señor) (Hechos 2:42; 20:7; 1 Corintios 10:16-17, 21; 11:18, 20, 23-26ss.).
  3. Enseñanza (Hechos 2:42; 11:26; 15:35; 20:20; Romanos 12:7; Gálatas 6:6; Efesios 4:11-12; 2 Timoteo 2:2).
  4. Profecía (Hechos 11:27; 13:2; Romanos 12:6; 1 Corintios 11:4-5; 14:1-4,5,6,22,24-25,26,29-32,39-40; Efesios 4:11-12; 2:20).
  5. Canto (Efesios 5:18-19; Colosenses 3:16; 1 Corintios 14:26).
  6. Exhortación (Hechos 4:36; 11:23; 14:22; 15:32; 16:40; Hebreos 10:24-25; Tito 1:9; 1 Tesalonicenses 5:14; 1 Timoteo 4:13).
  7. Amonestación (Hechos 20:31; Romanos 15:14; Colosenses 1:28; 3:16; 1 Tesalonicenses 5:12, 14).
  8. Reprobación o reprensión (1 Timoteo 5:20; Tito 2:15).
  9. Exclusión pública (1 Corintios 5:4-5; cf. vv. 6-13; Mateo 18:17-20; cf. vv. 15-16).
  10. Lectura de los Escritos del Nuevo Testamento, las Cartas de los Apóstoles y las Escrituras del Antiguo Testamento (Colosenses 4:16; 1 Tesalonicenses 5:27; 1 Timoteo 4:13; cf. Apocalipsis 1:4; Caps. 2-3).
  11. Informes de esfuerzos de prédica (Hechos 14:27; 15:3-4; 21:19; 3 Juan 5-6; cf. Hechos 4:23).
  12. Informes de asuntos especiales (Hechos 15:30-31; 16:4).

Como verá, nunca faltará elementos edificantes y útiles en la congregación de los santos.

  1. Sugerencias útiles en reuniones.

Debe recordar algunas cosas cuando empiece a reunirse con sencillez y sinceridad. Asegúrese de tomar en cuenta las indicaciones escriturales y buscar deshacerse de las tradiciones humanas de su pasado religioso. Debería considerar las siguientes pautas:

  1. En la congregación, prepárese tanto a dar como a recibir. Los cristianos no son espectadores, sino participantes. No sólo miran y escuchan, sino que participan personalmente en la adoración durante los encuentros y comunión, antes y después de las reuniones. Pablo explica sobre el crecimiento en Cristo: “De quien todo el cuerpo, (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen) conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor” (Efesios 4:16). Todas las relaciones del “el uno con el otro” que hemos visto anteriormente, reflejan el aspecto “participativo” en los encuentros de creyentes.
  2. Respete la función asignada por Dios para cada uno. La Escritura menciona que los hermanos (varones) son quienes lideran la oración en público (1 Timoteo 2:8: andras proviene del sustantivo a n h r , aner, “masculino,” el cual “se diferencia de una mujer” y “nunca [es] usado para referirse al sexo femenino,” W.E. Vine, Ibíd., p. 706). Además, a los hombres (varones) les corresponde hablar públicamente en las reuniones, porque “es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Corintios 14:25; cf. vv. 33-34; 1 Timoteo 2:11-15). Las mujeres, por supuesto, pueden cantar con libertad (Efesios 5:19) y decir al unísono “Amén” (1 Corintios 14:16) en la iglesia y puede hablar antes y después de las reuniones.
  3. Reúnase regularmente y no esporádicamente. Los santos de Jerusalén se reunían “cada día” (Hechos 2:46) y estaban “todos unánimes en el pórtico de Salomón” (5:12). Ellos vieron la necesidad de juntarse con frecuencia. El énfasis de “reunirse” en la Escritura (1 Corintios 11:17-34), sin dejar de lado el congregarse (Hebreos 10:24-25), implica que los creyentes se encontraban con frecuencia para la adoración y edificación. Mientras más ame a sus hermanos y hermanas en Cristo, deseará con más alegría estar en su presencia.
  4. Usted no necesita un “templo” para sus reuniones. Generalmente, los primeros creyentes se reunían en hogares privados para congregarse. Por ejemplo, Pablo saluda a Priscila y Aquila y “a la iglesia de su casa” (Romanos 16:5; cf. 1 Corintios 16:19; Colosenses 4:15). Él también escribe a Filemón y “a la iglesia que está en [su] casa” (Filemón 2; cf. Romanos 16:14-15, 23). Lucas escribe sobre “la casa de María” donde “muchos estaban reunidos orando” (Hechos 12:12). Las congregaciones en los hogares fomentaron la informalidad de sus encuentros y un sentimiento de cercanía. Más adelante, las reuniones de hogar les ayudaron a darse cuenta que, en realidad, eran una “familia” de hermanos y hermanas en lugar de miembros de una institución religiosa. Incluso, en algunas situaciones, sería prudente reunirse en otros lugares. A veces, los primeros creyentes se congregaban en otros centros cuando era posible (Hechos 2:46; 19:9).
  5. Recuerde el sufrimiento y muerte de Cristo. No olvide que la razón principal de congregarse es recordar el sufrimiento y muerte del Señor Jesucristo. Ustedes fueron llamados a estar juntos por medio de la cruz de Cristo y todos fueron perdonados por Su sangre. Qué mejor, por lo tanto, que esto fuera una característica central de sus encuentros. Lucas dijo claramente: “El primer día de la semana [Domingo], reunidos… para partir el pan” (Hechos 20:7). Se reunieron con el propósito específico de partir el pan, evidentemente para recordar al Señor con el pan y la copa (cf. 1 Corintios 10:16-17). Los primeros discípulos estaban “en comunión unos con otros, en el partimiento del pan” y otros elementos de adoración (Hechos 2:42). Pablo sugirió a los Corintios que cuando se “reunieran”, que fuera para “comer la cena del Señor” (1 Corintios 11:20; cf. vv. 17,18,33,34). Que esto sea el enfoque fundamental cada semana que se reúna como cuerpo.
  6. Cuando se congregue, muestre tierno afecto a cada persona. La característica de la primera comunidad creyente fue el amor exteriorizado y la preocupación por el otro. Lo mismo debería prevalecer hoy. De esta manera es como lo expresa Pablo: “A fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él” (1 Corintios 12:25b-26; cf. Romanos 12:15). Considere la instrucción de Pedro: “Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22; cf. 4:8).
  7. Evite mostrar preferencia. Que no se dé honra a los ricos, ni menosprecio a los pobres. Debemos evitar una actitud de “favoritismo personal” (Santiago 2:1; cf. vv. 2-9). Cristo desea cumplir un trabajo de “igualdad” dentro del cuerpo, a fin de que los extremos de pobreza y riqueza sean eliminados (cf. 2 Corintios 8:13-15).
  8. Se puede permitir que diferentes hermanos participen públicamente en las congregaciones, según sus habilidades. En la primera iglesia, varios asumieron una parte activa y de voz (cf. 1 Corintios 14:26; cf. vv. 27-40). Esto, por supuesto, debe ser llevado a cabo juiciosamente, porque no todos los creyente son “aptos para enseñar” (1 Timoteo 3:2). En realidad, Santiago advierte “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Santiago 3:1). Sin embargo, Pablo hace énfasis que cada creyente (hombre o mujer, joven o anciano) puede cumplir un rol activo en alguna medida, ya sea pública o privada (Romanos 12:3-8; cf. 1 Corintios 12:4-11; 1 Pedro 4:10-11).
  9. En la iglesia, todas las cosas deben ser hechas “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Considerando que Dios no es un Dios de “confusión, sino de paz” (v. 33), todo lo que acontezca en los encuentros debe ser llevado de acuerdo a las instrucciones de la palabra de Dios. Todo lo que no esté en armonía con la Palabra debería ser eliminado.
  1. Planifique observar la organización bíblica en todo lo que haga.

Hay algunos que erróneamente asumen que no se puede iniciar un grupo sin la dirección y ayuda “profesional.” Ya que, desde luego, esto va demasiado lejos, debemos reconocer que la Biblia instruye cómo una comunidad de creyentes debe “establecerse” (Tito 1:5). Primero, es importante comprender que Dios puede formar y trabajar en un grupo de cristianos antes y sin el liderazgo local mismo. Recuerde que las iglesias en Antioquía, Iconio, Listra y Derbe eran comunidades genuinas de cristianos antes que Pablo y Bernabé designaran ancianos en cada iglesia (Hechos 14:23). Más adelante, hubo comunidades de creyentes en Creta antes que Tito designara ancianos en cada ciudad (Tito 1:5).

La misma situación puede aplicarse hoy en día. Cuando unos cuantos santos comiencen a reunirse, puede que no estén calificados para tomar el cargo de anciano/supervisor. Además debemos mencionar que las primeras comunidades de cristianos tenían una pluralidad de ancianos/supervisores en lugar de uno solo, y esta supervisión plural puede tomar algún tiempo para desarrollarse (cf. Hechos 11:30; 14:23; 20:17; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 4:14; 5:17; Tito 1:5; Santiago 5:14; 1 Pedro 5:1). En realidad, puede llevar años antes que los hombres estén calificados para esta gran responsabilidad. Hasta entonces, la comunidad debe confiar que el Señor trabajará en medio de ellos y los guiará de acuerdo a Su Palabra.

En el Nuevo Testamento se menciona a diversos funcionarios que tuvieron alguna actividad o liderazgo público en las iglesias:

  1. Supervisores (Griego, episkopos), también llamados ancianos (Griego, presbuteros) y pastores (Griego, poimen) (ver Hechos 20:17 con v. 28; Tito 1:5 con v. 7; 1 Pedro 5:1 con v. 2). Estos eran hombres mayores en edad y madurez, con esposas e hijos obedientes y creyentes, que supervisaban la comunidad y pastoreaban al rebaño de Dios. Habían requisitos estrictos para cumplir este trabajo (1 Timoteo 3.1-7; Tito 1.5-9).
  2. Siervos (Griego, diakonos), eran hombres calificados (1 Timoteo 3:8-13) que trabajaban con los supervisores (Filipenses 1:1) y, quizá, cuidaron de las necesidades materiales y físicas de los santos (Hechos 6:1-6?).
  3. Predicadores (o “evangelistas,” predicadores de buenas nuevas, del término griego euangelistes) (Efesios 4:11), deben haber estado a cargo, particularmente, de predicar el evangelio, así como de enseñar dentro de las iglesias locales (1 y 2 Timoteo y Tito describen completa y ampliamente los muchos deberes para esta posición). Felipe (Hechos 21:8) y Timoteo (2 Timoteo 4:5) eran predicadores. También lo era Tito (cf. Tito 2:15).
  4. Maestros (Griego, didaskalos) tenían mucho que ver con la enseñanza en las iglesias, aunque el supervisor (1 Timoteo 3:2), el predicador (1 Timoteo 4:13) y el apóstol (2 Timoteo 1:11) también tenían esta responsabilidad. Los maestros comunicaban la Palabra de Dios a las comunidades y la aplicaban a su situación de vida determinada (Efesios 4:11; Hechos 13:1).
  5. Apóstoles (Griego, apostolos), eran hombres escogidos y comisionados especialmente. Estaban “puestos” para representar a Cristo en forma especial sobre la tierra (Efesios 4:11; 1 Corintios 12:28). Junto con los profetas, constituyeron el “fundamento” de la casa de Dios (Efesios 2:20), lo cual lleva a pensar que el ser “apóstol” sólo fue apropiado para la iglesia del primer siglo. También se ve un segundo uso del término “apóstol” (cf. Hechos 14:4, 14; 2 Corintios 8:23)—más adecuado sería usar el término “mensajero”—y simplemente puede referirse a un individuo determinado “enviado” como “mensajero” para Cristo o el cuerpo de Cristo.
  6. Profetas (Griego, prophetes), también se encuentran en la primera iglesia (Efesios 4:11; 1 Corintios 12:28; Hechos 13:1). Junto con los apóstoles, formaban parte del fundamento de la casa de Dios (Efesios 2:20).

Además de los trabajos y funciones descritos anteriormente, la Biblia menciona que cada creyente, tanto hermanos como hermanas, tiene un lugar de servicio dentro del cuerpo y, cada uno, tiene la habilidad de trabajar de manera única. Cuando una comunidad se inicia con pocos miembros (dos, tres, o quizá seis o siete), probablemente no habrá diversidad de talentos o habilidades disponibles como lo habría si fueran cincuenta santos en una localidad. A pesar de esto, Dios reconoce a la comunidad como parte del cuerpo de Cristo y bendice a los miembros con Su poder y presencia.

Es obvio que usted debería evitar perpetuar los diversos puestos o funciones que no son conforme a la Biblia. En realidad, toda la idea de “titular de cargo” es de naturaleza institucional y sectaria. Los cargos denominacionales como “Presidente,” “Superintendente General,” “Anciano Dirigente,” “Miembro del Consejo de Administración,” “Consejero” (y Consejera), “Co-Pastor,” “Ministro Asociado,” “Ministro de Alabanza” y similares, deben ser rechazados en favor de los puestos descritos en la Biblia y mencionados anteriormente.

  1. Simplemente sea parte del cuerpo de Cristo.

Debido a que muchas personas salen de iglesias y denominaciones establecidas, puede ser difícil deshacerse de conceptos sectarios y denominacionales, los cuales forman más parte de la persona de lo que se da cuenta. El término denominar quiere decir “dar un nombre a,” y muchas personas aunque ya abandonaron su antigua congregación siguen obsesionadas con la idea de poner un nombre oficial a su pequeña iglesia de hogar.

Dentro del denominacionalismo, las iglesias pueden ser nombradas según ciertas doctrinas (“Bautista,” “Adventista,” “Misionera” y del “Pacto”), ciertos métodos (“Metodista”), ciertas formas de “gobierno” (“Episcopal” y “Presbiteriana”) y ciertos tipos de organización (“Congregacional”). Otros se llaman a sí mismos de acuerdo al fundador o líder religioso pasado (“Luterano,” “Wesleyano,” “Menonita,” “Amish,” “Hutterita”). Algunos otros elevan cierto nombre bíblico a un nivel inadecuado (“Iglesia de Dios,” “Asambleas de Dios,” “Iglesia de Cristo,” “Nazareno,” “Iglesia Cristiana”). Otros prefieren el nombre de un apóstol en particular, o de una figura bíblica (“San Pablo,” “San Pedro,” “San Juan,” “Santa María,” etc.). Hay algunos que, sencillamente, toman una frase o palabra, ya sea de la Biblia o no, y la convierten en el “nombre oficial de la iglesia” (incluso hoy en día, el término “iglesia” tiene un significado diferente al término griego ekklesia escrito en el Nuevo Testamento). Existen muchos tros ejemplos de formas en que las personas buscan auto denominarse por un título o nombre que les identifique de manera exclusiva.

La Biblia, desde luego, guarda silencio absoluto sobre este tipo de práctica. Lo más evidente que tenemos es la manera en que los Corintios se denominaban según Pablo, Cefas (Pedro) y Apolos (1 Corintios 1:10-13; 3:4). Pablo llama a esta práctica mundana o carnal (1 Corintios 3:3) y abiertamente les condena (1 Corintio 1:12-15). Aun la gente de hoy, incluyendo a los religiosos, sigue haciendo lo que Pablo no permitió. Usted, como uno que “salió” del mundo denominacional y sectario, busque dejar atrás la costumbre de poner “nombre” que era usual en su antigua religión.

A los primeros cristianos se les llamó, sencillamente, “discípulos” (Hechos 9:1), “santos” (9:13), “hermanos” (9:30), “creyentes” (5:14), “cristianos” (11:26) y los “de este Camino” (9:2). Eran llamados la “comunidad,” “iglesia” o “congregación” (Griego, ekklesia, Gálatas 1:22). También fueron conocidos como “la iglesia de Dios” (1 Corintios 1:2) y la “iglesia de Cristo” (Romanos 16:16). Figurativamente fueron denominados “templo de Dios” (1 Corintios 3:16), “de la familia de Dios” (Efesios 2:19), “labranza de Dios” y “edificio de Dios” (1 Corintios 3:9). Sin embargo, ninguna de estas referencias tuvo la intención de ser un nombre o títulosectario exclusivo.

Cuando empiecen a reunirse como el cuerpo de Cristo, alégrense de ser simples cristianos, santos, creyentes, hermanos y hermanas de la familia de Dios. No estaría mal referirse a los santos de Huancayo, los creyentes de Lima, los discípulos de Loreto o los seguidores de Cristo en Arequipa. Estas referencias no son sectarias ni denominacionales, simplemente denotan la ubicación donde los creyentes viven o se reúnen.

No sólo debería renunciar a los nombres denominacionales, sino también a las prácticas eclesiásticas y sectarias tan frecuentes en nuestro tiempo. Abandone el concepto de “clubes religiosos” que la iglesia promueve. Aléjese del uso de títulos religiosos (por ejemplo, Doctor, Pastor, Reverendo, Santo, Obispo, Hermano, Presidente, etc.). No necesita llevar la idea de “membresía” oficial en un grupo religioso. “Desaprenda” la idea de referirse al lugar de encuentro como el “santuario,” la “casa de Dios” o la “iglesia.” Busque renunciar a los credos, confesiones, disciplinas, consejos, convenciones y sínodos eclesiásticos. Si descubre otras formas en que los conceptos eclesiásticos y denominacionales han calado su mente, dispóngase a apartarse de ellos en favor de una práctica y punto de vista más bíblicos. Mientras más se sature de la Escritura, pensará más en términos bíblicos.

  1. Reconozca la cercanía e intimidad que debería haber dentro del cuerpo de Cristo.

Para muchas personas en nuestra días, algunas veces es difícil pensar en términos bíblicos debido a que el pensamiento independiente e individualista han influenciado sus vidas. Usted tiene que leer la Escritura como nunca antes a fin de descubrir la cercanía, la intimidad y la “unión” de la familia espiritual de Dios. Posiblemente por hecho de ser humanas, las familias físicas ya no son muy unidas; para muchas personas es difícil ver cuán cercana debería ser la familia espiritual.

Los escritores bíblicos impulsan a ver la relación de cercanía entre el verdadero pueblo de Dios. Observe nuevamente lo que vimos antes. El pueblo de Dios es:

  • El cuerpo de Cristo, donde cada persona es un miembro.
  • La familia de Dios, donde cada persona es un hijo o hija.
  • El rebaño de Cristo, donde cada persona es una oveja.
  • El templo de Dios, donde cada persona es una piedra individual.
  • La esposa de Cristo, donde cada persona es una parte de la esposa.

Incluso si aún no se están reuniendo, deberían buscar “congregarse” tan seguido como sea posible. El término “congregar” (Griego, koinonia) significa comunión, fraternidad, asociación, participación conjunta y compartir mutuo. Esto es lo que Dios quiere de Su pueblo. Él desea que Sus hijos se hablen, se visiten, trabajen juntos, prediquen juntos, se cuiden, se ayuden, lloren juntos y se alegren juntos. Los primeros creyentes estaban “en las casas” y “Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:46), se congregaban en hogares para orar (Hechos 12:12), abrían sus puertas en hospitalidad (Hechos 16:15; 1 Pedro 4:9). La Biblia dice que se exhortaban los unos a los otros cada día” (Hebreos 3:13). Los primeros creyentes sabían que eran hermanos y hermanas, miembros de la misma familia, cada día, ya sea que estuvieran en reuniones públicas o no. Esta es la forma que debe ser en nuestros días.

Además, necesita darse cuenta que su relación con sus hermanos y hermanas es más cercana que con su propia familia física, si es que no tuvieran unidad con usted en Cristo. Por supuesto que Jesús se dio cuenta de este hecho. En una ocasión, mientras enseñaba, Su madre y hermanos físicos vinieron en busca de Él y querían conversar con Él. Él Extendió Su mano hacia Sus discípulos y dijo “¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” (Mateo 12:49-50; cf. Marcos 3:35). La relación espiritual es más cercana que la física.

El Señor advirtió que cuando uno llegara a creer en él y deseara seguirle, esta entrega causaría división en su familia terrenal. A veces la oposición será dura, hasta el punto del odio y la muerte misma (cf. Mateo 10:34-37; Marcos 13:12; Lucas 12:51-53; 21:16-17). Aún así, el creyente debe amar a Jesús (Mateo 10:37) y anhelar apartarse de su propia familia si fuera necesario (Marcos 10:28-30; Lucas 14:26), a fin de seguir al Señor Jesús. De la misma manera, el cristiano debe darse cuenta que su relación con sus hermanos y hermanas en el Señor es más elemental e íntima que sus relaciones elementales, ya sea con la pareja, el padre, el hijo, el hermano, la hermana o amigos.

  1. Espere críticas luego de entregarse al cuerpo de Cristo.

Ya que la visión de Dios para la comunidad de santos es radicalmente diferente al mundo de institucionalismo religioso y eclesial al que la mayoría está acostumbrada, puede esperar que algunos que se encuentran fuera no lo comprendan. Ellos pensarán que está llevando demasiado lejos la idea de comunidad. Por lo tanto, debe contar con que habrá críticas y malos entendidos. Jesús nos advirtió sobre esto. Él dijo: “Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre” (Lucas 6:22). En otra parte él añade: “Bienaventurados son cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos” (Mateo 5:11-12a).

Ya sea su cónyuge, sus padres, sus hijos u otros parientes; ya sean sus vecinos o amigos, los miembros de la iglesia a la que anteriormente pertenecía, o los compañeros de trabajo, siempre habrá quienes no entiendan su entrega a sus amigos santos. Algunos le dirán radical, extremista, fanático o zelote; otros, tal vez, te acusen de formar parte de un “culto”, de una “secta que controla la mente” o de un “grupo de corte fanático.” Este es el tipo de respuesta que los primeros cristianos recibieron. Cuando Pablo se dirigió a Roma, los judíos comentaron: “Porque lo que sabemos de esta secta [de cristianos] es que en todas partes se habla contra ella” (Hechos 28:22; 24:5). Los que se oponían en Tesalónica, se refirieron a Pablo y a sus compañeros como los que trastornan el mundo entero (Hechos 17:6). Los judíos de Jerusalén llegaron demasiado lejos al decir que no se debía permitir que Pablo viva (Hechos 22:22). No olvide que este tipo de ridiculez y calumnia puede suceder, y esté preparado para cuando lleguen.

  1. Deje que el cuerpo de Cristo sea lo que el Señor quiere que sea.

No sólo existen doctrinas elementales y básicas necesarias para que la comunidad sea formada por Cristo, sino también principios esenciales para que tengan una vida continua en Cristo. Observe varios de estos principios que debe tener en mente y aplicarlos a fin de agradar a nuestro Dios y Padre:

  1. Verdadera Santidad. Los creyentes deben buscar ser completamente santos en corazón, mente y cuerpo; separados de todo pecado y corrupción (1 Tesalonicenses 5:23-24; Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:14-17).
  2. Separación del Mundo. No deben amar al mundo (1 Juan 2:15-17), conformarse con él (Romanos 12:2), permitir ser manchados por él (Santiago 1:27) o ser su amigo (Santiago 4:4).
  3. Amor Fraternal. Deben cultivar el amor ferviente mutuo (1 Pedro 1:22; 4:8), un amor según el amor de la misma auto entrega de Cristo (Juan 13:34-35; 15:12-14) que fue demostrado de manera práctica (1 Juan 3:16-18; 4:11-21).
  4. Mentes y Corazones Puros. Deben esforzarse no sólo por lograr palabras o acciones puras, sino también motivos puros provenientes de corazones puros (1 Timoteo 1:5; 2 Timoteo 2:19-22; Mateo 5:8, 20; 23:25-28; Salmos 139:23-24).
  5. Prioridades Adecuadas. Conscientemente deben hacer del Reino de Dios y de Cristo su prioridad (Colosenses 1:18; Mateo 6:33), aún antes que la familia y amigos (Mateo 10:34-38; 24:9-13; Lucas 12:51-53; 14:26-27).
  6. Perspectiva Espiritual y Eterna. Deben preferir vivir para Cristo antes que para ellos mismos (2 Corintios 5:14-15), y vivir por las realidades espirituales que no se ven y no para el tiempo malo actual (Gálatas 1:4; 2 Corintios 4:16-18; Romanos 8:18; 1 Pedro 5:10).
  7. Sacrificio y estilo de Vida. Deben demostrar por medio de su propia vida y sacrificio que están viviendo completamente en los caminos de Dios antes que para el dinero o las posesiones (Mateo 6:19-24; Marcos 10:21-27; 12:41-44; 2 Corintios 8:1-5; 9:6-7; 1 Timoteo 6:9-10, 17-19).
  8. Relaciones Cercanas. Deben buscar relacionarse dentro del cuerpo de Cristo, conocer a hermanos y hermanas dentro de la familia eterna de Dios (2 Corintios 6:17-18; Mateo 12:46-50; 1 Juan 4:20-5:2).
  9. La Gran Comisión. El creyente, sea hermano o hermana, debe estar activo en llevar las buenas nuevas de Cristo a un mundo incrédulo para que Dios sea glorificado y para que otros lleguen a conocerle (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Hechos 8:4).
  10. La Palabra de Verdad. Deben ser capaces de hablar la palabra de verdad a todos y hacer que la gente sea responsable ante un Dios santo que demanda obediencia fiel y sumisión a Su soberanía universal (Filipenses 2:9-16; Hechos 17:30-31; 1 Pedro 2:9-10).
  11. Rico en Buenas Obras. Deben ser activos en buenas obras de manera que otros vean la evidencia del trabajo de Dios en el corazón humano y que Cristo sea proclamado no sólo con palabras, sino con obras (Mateo 5:13-16; Tito 2:14; 3:1, 8, 14).

Estas son sólo unas cuantas características que tanto los creyentes, como todo el cuerpo de Cristo, deben manifestar. Forman parte de la vida diaria de los santos que conforman la familia de Dios.

  1. Deje de congregarse con aquellos que no desean amar, servir, obedecer o tomar la verdad del Señor Jesús.

No sólo debería interesarse en la cercanía de la fraternidad dentro del cuerpo de Cristo, probablemente necesitará dejar esa fraternidad con determinadas personas de vez en cuando. La “excomulgación” es algo que ya no es practicado por algunos grupos organizados, aunque es enseñado claramente por la Biblia. Ya que Dios señala que es importante, debemos estar dispuestos a practicarlo.

Si su cuerpo físico contrajera un cáncer maligno ¿qué haría? Trataría de encontrar una cura para la terrible enfermedad. Si el cáncer comenzara a destruir su brazo y no pudiera ser tratado de manera convencional, necesitaría amputar el miembro a fin de salvar su cuerpo, y su vida misma. Asimismo, cuando un miembro del cuerpo del Señor permite el pecado en su vida y es vencido por éste, todo el cuerpo de creyentes debe “amputar” ese miembro, sacándole de la congregación. Deben excluirlo de la asociación cercana, y dejar de tener un contacto normal con él.

La Biblia es clara sobre todo esto. Los creyentes espirituales y fieles deben buscar que el hermano o hermana errado y pecador se arrepienta (cf. Gálatas 6:1-2; Santiago 5:19-20; Mateo 18:15-17). Si esto no funciona, deben dejar de congregarse con el pecador que no se arrepiente (ver Mateo 3:10-11; 1 Corintios 5:1-13; 2 Tesalonicenses 3:6-15; 1 Timoteo 1:19-20; Tito 3:10-11). El cuerpo debe excluir a los miembros que no quieren arrepentirse de “ofensas” tales como:

  1. Pecado general y error moral (1 Corintios 5:11; cf. vv. 1-13; 6:9-10; Gálatas 5:19-21; 2 Pedro 2:20-22).
  2. Violación de la tradición apostólica (2 Tesalonicenses 3:6-15; cf. 2:15).
  3. Alejamiento de la fe (1 Timoteo 1:19-20; cf. Santiago 5:19-20).
  4. Falsas doctrinas (Romanos 16:17-18; 2 Timoteo 2:16-18; 2 Juan 9-11; 2 Pedro 2:1ss).
  5. Actitudes que causan la división (Tito 3:10-11).
  6. Rechazo a reconciliarse (Mateo 18:15-20, 21-35).

Se espera que la acción de dejar de congregarse, realizada por cada cristiano fiel en la comunidad, lleve al alma perdida a darse cuenta de su necesidad y desesperada condición. Debería llevarlo al arrepentimiento, a su confesión ante la iglesia, a recibir el perdón de Dios y a la comunidad y a la completa reconciliación con los fieles (ver 1 Corintios 5:5; 2 Corintios 2:6-11; 2 Tesalonicenses 3:15). Esta no será una parte agradable de vida en la comunidad, pero será una parte importante que deberá ser realizada en obediencia al Señor mismo. De esto depende la fidelidad, santidad y preservación del cuerpo.

  1. Conscientemente busque cumplir la oración de Cristo por Sus seguidores.

Juan 17 registra la oración del Señor por sus apóstoles y el círculo más amplio de discípulos que vivirían en los años venideros. Aquí vemos el corazón de Cristo cuando expresa Su deseo para quienes conformarían Su cuerpo espiritual. Los elementos de su petición deberían ser los que anhelemos para nuestros días conforme buscamos cumplir su oración en la experiencia misma. Observe los siguientes puntos y tómelos para sí:

  1. Recepción común de las palabras de Cristo. Jesús dijo: “Porque yo les he dado las palabras que me diste; y las recibieron” (v. 8; cf. v. 14).
  2. Creencia común en Cristo. “Mas no ruego solamente por éstos [apóstoles], sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (v. 20; cf. vv. 8, 25).
  3. Unidad común con el hermano, con Cristo y con Dios el Padre. “… para que todos sean uno; como tú, oh Padre, estás en mí, y yo en ti… Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad” (vv. 21,23; cf. vv. 11,22,26).
  4. Separación del mundo. “El mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (v. 14; cf. v. 16).
  5. Santidad común en la verdad. “Santifícalos [separarlos] en la verdad, tu palabra es verdad” (v. 17; cf. v. 19).
  6. Misión común en el mundo. “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (v. 18).

Este es el deseo del Señor para sus verdaderos seguidores. Él pretende que tomemos su oración seriamente. Si lo hacemos, debemos evitar lo opuesto de estos elementos: (a) No rechazaremos las palabras de Cristo; (b) No dejaremos de creer; (c) No abandonaremos la unidad con otros verdaderos cristianos, con Cristo o con Dios; (d) No tendremos amistad con el mundo; (e) No caeremos en la impureza o mentira; (f) No dejaremos de compartir la verdad con otros. Busquemos cumplir la ferviente oración de nuestro Señor.

  1. Como un solo cuerpo, abandonen lo malo y busquen lo bueno.

Cuando empiecen a reunirse como una pequeña congregación de santos, tendrán que hacer ajustes. Es necesario “desaprender” y abandonar los conceptos institucionales, denominacionales y corruptos; siguiendo, en su lugar, los nuevos conceptos bíblicos. A continuación algunas cosas que debe tener en mente:

ABANDONE

BUSQUE

La búsqueda del placer

La gloria de Dios

Lo mundano

No conformarse con el mundo

La falsa doctrina

La doctrina bíblica

Los caminos mundanos y carnales

La verdadera espiritualidad

La falsa conversión

La salvación bíblica

La fácil creencia

La fe comprehensiva y completa

La falta o ausencia de arrepentimiento

Sincero arrepentimiento

La ceremonia de agua eclesial

Bautismo de fe (inmersión)

Las confesiones, los credos humanos

Ver la Biblia como un todo suficiente

Las guías, sentimientos subjetivos

La verdad objetiva de la Escritura

Los cargos eclesiásticos

Las posiciones y trabajos bíblicos

Los nombres religiosos

Evitar los nombres oficiales

Los títulos religiosos

Sólo términos bíblicos

Los “servicios” litúrgicos

Encuentros sencillos

Las reuniones impersonales

Relaciones cercanas

La tolerancia del pecado

Exclusión de pecadores sin arrepentirse

El institucionalismo complejo

Comunidades creyentes sencillas

Las organización denominacional

Una organización basada en la Biblia

La libertad sexual

Absoluta pureza

La jerarquía

Igualdad

Lo secular y humanístico

Lo bíblico y espiritual

Habiendo leído las páginas precedentes, usted mismo puede añadir puntos a la lista dada. El objetivo es dejar atrás todo lo que sea falso y no bíblico, e ir en busca de lo que Dios autoriza y ordena en Su Palabra.

  1. Que su motivo de reunión sea el Señor Jesús.

Las personas se agrupan por diferentes razones. Existen clubes sociales y organismos de servicio. También están las logias secretas, equipos deportivos, fraternidades escolares, hermandades femeninas y sindicatos. Es triste saber que mucha gente tiene el concepto de club u organización cuando piensan en la “membresía de la iglesia.” Para ellos, la “iglesia” se diferencia a penas del Rotary Club o del Club de Leones, con la excepción de que el club “iglesia” es religioso. Se exhorta a la asistencia, deberes y fidelidad, pero la membresía no afecta en mucho la vida de cada uno.

Hay un diferencia radical entre el cuerpo de Cristo y este punto de vista. Los primeros creyentes eran aquellos que pertenecían “al Camino” (Hechos 9:2; cf. 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22). Estos santos se entregaron a Cristo reconociéndolo como el camino de salvación (Juan 14:6; cf. Hechos 16:17). Siguieron el camino de Cristo y Él les presentó todo un nuevo camino de vida, una “puerta estrecha” que enfocaba hacia Él (Mateo 7:13-14).

Cuando se encuentre con sus hermanos y hermanas en Cristo, permita que su congregación se centre en Él. Permita que su alabanza, oración, edificación, enseñanza, partimiento del pan y fraternidad estén enfocados a Él. Permita que Él sea la razón de la reunión y el Único que todos tengan en común. Fuera de las reuniones, usted sigue siendo uno con sus hermanos y hermanas porque Él murió por ustedes, vive por ustedes, intercede por ustedes, trabaja por medio de ustedes y regresará por ustedes.

Constantemente recuerde que Cristo no sólo murió por los creyentes de manera personal (Gálatas 2:20), sino también “amó a la iglesia [ekklesia] y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Jesús es no sólo el Salvador de cada creyente, sino que también leemos que es “el Salvador del cuerpo” (Efesios 5:23). Cristo no sólo redimió a cada santo, sino también compró toda la comunidad creyente con la sangre propiciatoria (Hechos 20:28). Sí, Él está interesado en el creyente como persona, pero también se preocupa por el cuerpo entero de creyentes.

Todo esto debería recordarle que Cristo vela por Su pueblo como conjunto. No tienen que ser personas solas y diseminadas, sino miembros de Su cuerpo, viviendo e interactuando el uno con el otro, creyendo de manera mutua en Cristo, sirviéndole, amándole, obedeciéndole y esperando Su venida. Si actualmente está congregando con otros verdaderos creyentes en Cristo, permita que el propósito sea centrarse en Él. Si usted es una persona que ha abandonado su congregación anterior y que se encuentra sola, ore y busque a otras personas verdaderamente salvas con quienes usted pueda tener una relación cercana. No se decida por nada que no sea un cuerpo que está reunido delante de Él que es Cabeza, Cristo Jesús.

ES EL MOMENTO DE ESCOGER

Ahora que ha terminado de leer este pequeño folleto, sabe qué es lo Dios desea que usted haga. Si aún no lo ha hecho, ahora es el momento de salir de cualquier denominación o iglesia infiel, comprometedora y apóstata a la que usted asiste. Si ha salido hace mucho y, simplemente, ha estado yendo a la deriva, Dios lo está llamando para que le busque a Él y a Su Palabra, a fin de que usted pueda gozar de guía dentro de Su Voluntad. Lea la Biblia como nunca antes. Preste especial atención al libro de Hechos, así como a los demás libros del Nuevo Testamento. Busque conocer lo que Dios desea para usted. Probablemente tendrá que volver a leer varias veces este libro para tener una mejor idea de dónde debe empezar y cuál debe ser su meta. No permita que nada le quite la seguridad de su salvación del pecado, y busque congregarse en el Señor con otros que también han sido rescatados del pecado.

Dios cuida de usted y le está llamando para que le dé su vida en completo sacrifico. Él desea que usted rinda completamente su vida y sus energías para Cristo Jesús Su Hijo y Su causa sobre la tierra. Él desea que deje a un lado los compromisos de cualquier tipo, y le entregue todo lo que tiene y todo lo que es. Ahora es el tiempo de buscar a Dios, Su justicia y Su Reino (Mateo 6:33). Ahora es el tiempo de que usted busque su lugar en Su familia espiritual, el cuerpo de Jesucristo.

Richard Hollerman

Traduccion editada por
Monica Hollerman

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