LA RELACIÓN DEL BAUTISMO con el cuerpo de cristo

 

 

 

LA RELACIÓN DEL BAUTISMO

 

CON EL CUERPO DE CRISTO

 

Luego de realizar estudios a lo largo de los años, de mantener discusiones con muchas personas durante este tiempo, y a partir de la observación de organizaciones religiosas, debo concluir que el tema del presente trabajo es crucial, y su desarrollarlo es sumamente necesario. Otros estudios publicados han tratado el acto del bautismo, el significado del bautismo, el propósito del bautismo y los temas relacionados al bautismo. Sin embargo, la relación del bautismo con el cuerpo de Cristo, un tema de gran importancia y de muchas implicaciones prácticas, aún necesita ser explorado.

 

La mayoría de gente religiosa simplemente no comprende la relación que tiene el bautismo con el Cuerpo de Cristo o la Comunidad de los Santos. Algunos creen que Dios, a través del bautismo, trae a la persona al cuerpo universal, “invisible”; otros dicen que a través del bautismo uno se convierte en miembro de una determinada denominación, y aun hay otros que dicen que el bautismo es una “puerta” para formar parte de la congregación local. Muchos otros niegan todo esto afirmando que el bautismo es solamente una simple ceremonia de naturaleza simbólica que da testimonio de una experiencia previa de conversión. No es de sorprender que en medio de esta mezcla religiosa muchos se sientan fácilmente confundidos y no sepan qué pensar con respecto al bautismo. Esperamos que nuestro estudio sobre este tema vital sea informativo, esclarecedor y convincente para todos los lectores. Nuestro mayor interés es poder conocer la mente de Dios en cuanto a este importante tema.

 

La única manera en que podemos responder adecuadamente a la pregunta sobre la relación del bautismo con el cuerpo de Cristo es consultando la Palabra de Dios. Sólo Dios puede hablar con veracidad infalible acerca de esta  inquietud. Solamente Él puede revelar su mente y voluntad de una manera lo suficientemente clara para que podamos creer y hacer su voluntad. Las tradiciones humanas no son confiables (cf. Marcos 7:5-9, 13; Colosenses 2:8). Los credos, las confesiones y las conferencias religiosas no son infalibles. Los pronunciamientos, normas y disciplinas denominacionales y de las iglesias han demostrado ser errados; los pastores, sacerdotes, profetas y predicadores se han equivocado. Esto demuestra la necesidad de consultar la infalible, inequívoca y autoritativa Palabra del Dios Vivo en esta área de la verdad así como también en todas las demás áreas. Leámosla con la humildad, respeto y receptividad que las sagradas Escrituras se merecen.

 

¿Qué dice la Palabra de Dios?

 

Veamos simplemente algunos pasajes bíblicos y examinémoslos para determinar la relación del bautismo con el Cuerpo de Cristo. Trataremos de hacer que la verdad que descubramos sea tan simple y clara como sea posible

 

Mateo 28:18-20 ( La Gran Comisión)

 

Este pasaje es parte de la “Gran Comisión” de Cristo para sus seguidores a fin de que proclamen su mensaje a todo el mundo. El empieza diciendo “toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra” (versículo 18). Basándonos en esta soberanía universal ¿Qué es lo que nos está ordenando nuestro Señor? “Id, Pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (versículos 19-20).

 

Cristo dice que su anterior mandamiento para limitar la prédica solamente a los judíos (Mateo 10: 5-6) ha sido ahora superado por una “mayor” comisión, para hacer discípulos (seguidores) de “todas las naciones” ¿En qué consiste hacer discípulos y llevarlos a la perfección? Jesús nos lo dice. Aquellos que responden al mensaje de las buenas nuevas concernientes a Jesucristo deben ser bautizados. Sabemos, por supuesto, que las personas deben arrepentirse de sus pecados y poner su fe y confianza en Dios a través de Cristo, pero en esta parte nuestro Señor enfatiza especialmente la importancia del bautismo para que uno pueda unirse a Dios y convertirse en un discípulo.

 

Sin embargo, tomemos en cuenta que este bautismo es de carácter especial. Ellos deben bautizar “en nombre de” el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La mayoría de nuestros lectores están conscientes de que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en griego.  Las autoridades del griego declaran que la frase “en el nombre de” tenía un significado técnico en el primer siglo. Ya que está relacionado con el bautismo, la frase denotaba que “aquel que es bautizado se convierte en la posesión y queda bajo la protección de aquel cuyo nombre lleva” (Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament [Glosario Griego-Inglés del Nuevo Testamento], s.v. onoma, p. 572). Significa “bautizado en la posesión del Padre” (Moulton y Milligan, The Vocabulary of the Greek Testament [Vocabulario del Testamento en Griego], p. 451). Significa “unión, el paso a una nueva lealtad y comunión” (The New Bible Dictionary [El Nuevo Diccionario de la Biblia], s.v. “Nombre”, p. 861). Implica una “transferencia de posesión” (F.F. Bruce, The Books Parchments [Los Libros y los Pergaminos], p. 66). En resumen, esta frase representa que aquel que es bautizado se convierte en la posesión de, queda bajo la protección de, está bajo el control de, establece una unión vital con, pasa a una nueva propiedad de, y entra en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

Podemos ver las implicancias del significado del bautismo muy claramente. Esto no sólo se refiere a los individuos que han sido bautizados verdaderamente, sino a todos aquellos que han sido bautizados, es decir, se aplica a todo el cuerpo de creyentes. Todos aquellos que han sido bautizados genuinamente, han ingresado conjuntamente en esta bendita relación con Dios. Esto es simplemente parte de todo el significado del bautismo bíblico. La personas que están bautizadas verdaderamente no sólo están compartiendo este compañerismo espiritual sino que Jesús dice que estos cristianos bautizados deben recibir enseñanza a fin de que observen todo lo que (Él) les ha mandado (Mateo 28:20).

 

Debemos preguntar cuál es el contexto en el que ocurren estas actividades de enseñanza. La respuesta es obvia. Los apóstoles y otros son responsables de enseñar a los creyentes recién bautizados a fin de que obedezcan todos los mandamientos de Cristo. Esta es una actividad colectiva. Debe llevarse a cabo en relación con otros. Obviamente debe hacerse dentro del Cuerpo de Cristo o la Comunidad de Creyentes. No solamente se trata de creyentes bautizados  en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, sino de creyentes que además disfrutan de una relación con todos aquellos que han experimentado este mismo bautismo y luego continúan recibiendo enseñanza, siendo alimentados, edificados y fortalecidos a medida que continúan dentro de esta relación.

 

La pequeña figura simplemente representa a aquellos que han ingresado en una relación de salvación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero podemos ver que, en consecuencia, ellos tienen una relación con todos los demás que han ingresado en la misma relación. Además, ellos se encuentran idealmente expuestos a la misma instrucción de transformación dada por el Señor Jesucristo.

 

Hechos 2:38-47 (El día de Pentecostés)

 

Poco tiempo después de que el Señor Jesús diera la “gran comisión” (Mateo 28:29-30; Marcos 16:15 SS; Lucas 24:44 SS), Él envió al Espíritu Santo para dar poder a los apóstoles a fin de que dieran testimonio de su muerte y resurrección para la salvación (Hechos 2:1-21).  El gran Día de Pentecostés, Pedro proclamó las buenas nuevas de Cristo en su plenitud y acusó a su audiencia de rechazar y matar al Mesías prometido (vv. 22-36). Aquellos que escucharon y se convencieron preguntaron, “Hermanos, ¿qué debemos hacer?” (v. 37). En respuesta a esta pregunta sincera, Pedro declaró, “Arrepentios y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (v. 38). Más adelante leemos, “Y con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: Sed salvos [sálvense ustedes mismos] de esta perversa generación” (v. 40). ¿Alguien respondió a esta orden divina? Sí que lo hicieron. “Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas” (v. 41).

 

Una vez más vemos en este pasaje la importancia del bautismo en relación con la comunidad de creyentes. Con la finalidad de responder al mensaje del evangelio, aquellos que estaban convencidos de sus pecados debían convertirse, es decir, cambiar su corazón, mente y propósito (Hechos 2:38). Además, debían bautizarse en el nombre de Jesucristo. Nuestro propósito aquí no es discutir el acto o la acción del bautismo, sin embargo debe quedar claro que el bautismo es una inmersión o un sumergimiento en agua (un hundimiento momentáneo en agua y luego la persona es levantada del agua a medida que uno se identifica con la muerte, entierro y resurrección de Cristo). En el pasaje anterior, Pedro también les dice a quienes le preguntan cual es el propósito de su arrepentimiento y de su bautismo: “. . . para perdón de vuestros pecados” (v. 38). En griego es eis aphesin ton hamartion humon y significa simplemente lo mismo.  Más adelante les dice acerca del don de Dios que les será concedido: “. . . y recibiréis el don del Espíritu Santo” (v. 38). Estos pecadores que escuchaban podían ser perdonados misericordiosamente  y recibir el Espíritu Santo como se les había prometido.

 

Pero ¿qué relación tiene esto con la comunidad de los santos? El versículo 41 nos dice que “los que habían recibido su palabra” (a través de la fe y el arrepentimiento) “fueron bautizados.” Luego, ¿se dejaba que cada creyente que se había arrepentido y bautizado se fuera por su cuenta? ¿Se les dejaba que se valieran por sí mismos? No, según las escrituras, “…se añadieron aquel día como tres mil almas” (v. 41). Más adelante en el mismo capítulo encontramos estas palabras adicionales: “Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos” (v. 47).  Aquellos que han sido verdaderamente bautizados (inmersos) como expresión de un arrepentimiento genuino y fe de corazón y han sido por tanto perdonados y han recibido el don del Espíritu Santo eran agregados “los unos a los otros” (Marshall) o sumados a otros quienes del mismo modo se habían arrepentido y habían sido inmersos. Noten que este no es un proceso adicional o posterior—sino que era la inmediata consecuencia de responder al evangelio. Ellos no solamente entraron a una relación con el Salvador, sino que además comenzaron una relación con los demás que también habían sido salvados.

 

 

Esto no es todo. Tome nota de lo que pasaba luego de que estos creyentes arrepentidos y bautizados respondían al Señor: “Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración” (Hechos 2:42).  Estos creyentes que se “dedicaban continuamente a” o “continuaban perseverantemente” (Marshall) en diferentes actividades colectivas. Cuando se reunían, ¿qué hacían? Ellos dirigían su devoción a:

 

(a) Escuchar y aprender las enseñanzas de los apóstoles (que era la enseñanza del Señor—Mateo 28:20);

 

(b) Compañerismo (el compartir y participar el uno con el otro);

 

(c) La partición del pan (probablemente una referencia a la conmemoración de la muerte del Señor mediante la partición del pan (Lucas 22:19; Hechos 20:7);

 

(d) Oraciones (cf. 4:24-31; 12:5,12).

 

Estos creyentes arrepentidos y bautizados compartían sus vidas el uno con el otro y centraban sus pensamientos en las cosas del cielo (cf. vv. 44-47). Sin lugar a dudas podemos ver que su bautismo estaba directamente relacionado a la vida en el cuerpo.

 

Hechos 8:26-39 (El Etíope)

 

Luego de que Felipe proclamara a Jesús en Samaria y que muchas personas creyeran y fueran bautizadas (8:12-13), el Señor hizo que este predicador del evangelio se encontrara con un devoto adorador de Etiopía. Las escrituras registran que Felipe “le anunció el evangelio de Jesús” (v. 35). Evidentemente el Etíope estaba convencido de sus pecados y estaba convencido de que Jesús era el Hijo de Dios que había sido crucificado y resucitado, ya que respondió, “Mira, agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?” (v. 36).

 

Si este hombre convencido de su pecado estuviera vivo el día de hoy, algunos predicadores le dirían, “Bueno, esto le impide ser bautizado: Tenemos que llevarlo de regreso a Jerusalén (o Samaria) y debe contar con la aprobación del ‘consejo de la iglesia’. Luego tendrá que aprender el catecismo por dos años. Luego en ‘servicio público’ de la iglesia podrá ser bautizado.” (Hay muchas variaciones para el procedimiento). Felizmente, el etíope no vive en nuestros días y Felipe estuvo de acuerdo en bautizar a este creyente arrepentido. Algunos manuscritos establecen que él confesó su fe en Jesús; sin embargo, existe cierta duda de que en efecto hubiera ocurrido algún tipo de confesión ya que dicha confesión no figura en los primeros manuscritos. Luego Felipe y el Etíope descendieron al agua, Felipe lo bautizó y regresaron a la orilla. Podemos entender porqué Lucas escribió, “[él] continuó su camino gozoso” (v. 39).

 

Este registro se diferencia del anterior (en Hechos 2) al menos en algo muy importante. Este hombre fue bautizado relativamente solo (no entre una multitud como en el día de Pentecostés) y evidentemente no había otros creyentes en Etiopía en esa época. Tal vez había pero simplemente no lo sabemos. Esto nos revela que cuando uno es bautizado, no se bautiza para pertenecer a una asamblea o congregación local. (Sin lugar a duda el bautismo no se hace para pertenecer a una denominación.) En el caso del Etíope, ¡no había asamblea local! No había denominaciones humanas en la tierra. Pero, del mismo modo que en los pasajes que hemos examinado anteriormente este creyente bautizado había entrado en una relación con Dios a través de Cristo y también había entrado en una relación con todos los demás creyentes en todo el mundo que se habían arrepentido genuinamente y se habían bautizado. En otras palabras, era parte del cuerpo de Cristo o de la Comunidad de creyentes. Sin lugar a dudas, si había otros creyentes bautizados en el país al que él viajaba, él seguramente se unió a ellos. Si no había ninguno, cada persona que él trajera a Cristo sería parte del cuerpo de creyentes y serían responsables de vivir en comunidad.

 

Hechos 9 y 22 (Pablo, el Apóstol)

 

La Conversión del apóstol Pablo (entonces conocido como Saulo) añade un poco más a nuestro estudio.  La Biblia dice que él iba camino a Damasco para perseguir a aquellos que creían en Cristo. El Señor se le apareció y le dijo, “levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6; cf. 22:10). Luego de haber quedado ciego, ayunado, y orado por tres días, Ananías se acerco a este hombre miserable, convencido y arrepentido y dijo, “Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre [de Cristo]” (Hechos 22:16). Las escrituras dicen que “se levantó y fue bautizado. Tomó alimentos y cobró fuerzas” (9:18-19).

 

Ahora Pablo era un creyente. Él había sido bautizado. Sus pecados habían sido “lavados.”  Él había sido “bautizado en Cristo Jesús” y “bautizado en su muerte” (Romanos 6:3; note el uso del pronombre personal, “nosotros,” en este contexto). ¿Se consideraba Pablo a sí mismo un individuo solitario en ese momento?  No, ahora el reconocía que era parte del mismo grupo de creyentes que anteriormente había buscado destruir. Las escrituras registran, “Y por varios días estuvo con los discípulos que estaban en Damasco” (9:19). inmediatamente sintió un parentesco espiritual con otros que se habían alejado de sus pecados, que habían creído en Jesús como el Hijo de Dios y el Mesías y que habían sido inmersos para “lavar sus pecados invocando el nombre del Señor” (cf. 22:16; 2:21). Ahora él era parte de “la comunidad de Dios” que anteriormente trató de “destruir” (Gálatas 1:13; cf. v. 23).

 

Hechos 16:13-15 (Lidia)

 

Existe una hermosa historia sobre la conversión de una mujer y su familia en Hechos 16. Cuando Pablo, Silas, Timoteo y Lucas fueron a la colonia romana de Filipos deben haber encontrado pocos judíos, si es que encontraron alguno. En lugar de ir a la sinagoga judía (los judíos insistían en que se requería un quórum de al menos 10 judíos varones para que hubiera una sinagoga formal), ellos fueron “a la orilla de un río” (16:13), donde los judíos y los gentiles temerosos de Dios se reunían normalmente para orar. Estos servidores de Dios se sentaron y comenzaron a hablar a las mujeres que se habían reunido (v. 13b). Luego las escrituras nos dicen que Lidia escucho las palabras de los apóstoles y que el Señor abrió su corazón a fin de que pudiera responder (v. 14). Ahora tome en cuenta el versículo 15: “Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid a mi  casa y quedaos en ella. Y nos persuadió a ir” (v. 15).

 

            Esta historia revela muy poco sobre la conversión de Lidia a Cristo, aparte del hecho de que ella fue bautizada (evidentemente inmersa en el río donde se habían reunido—v. 13) y del hecho de que ella sabía de que esto era necesario para ser “fiel al Señor” (v. 16). Esta mención del bautismo enfatiza la importancia de esta respuesta inicial de arrepentimiento de tanta importancia y fe en la prédica de Cristo.

 

La pregunta que nos interesa es la siguiente: ¿fue ella agregada a un cuerpo de creyentes? Hasta ese momento no había habido otras personas que respondieran al evangelio en dicha localidad. Sólo había cuatro hombres que iban predicando el evangelio en la ciudad.  En cierto sentido, ellos podrían haber sido considerados el Cuerpo de Cristo en Filipos, pero definitivamente no se hallaban firmemente establecidos. Por lo tanto, Lidia y su familia (que puede haber estado formada de al menos otras dos personas responsables—tal vez ancianos, hijos responsables o sirvientes) constituyeron el centro, núcleo o inicio de la Asamblea en Filipos. Más adelante, el carcelero y su familia (16:30-34) y otros “hermanos” (v. 40) también fueron miembros del cuerpo de Cristo en esta ciudad.

 

De todo esto podemos ver una vez más que cuando una persona es bautizada no está siendo bautizada para formar parte de una congregación local (especialmente una congregación denominacional).  Más bien, al iniciar una relación con Dios, Cristo Jesús y el Espíritu Santo, el creyente bautizado se convierte en parte del Cuerpo de Cristo en la tierra. Si existe una manifestación local del cuerpo, la persona forma parte de él, pero si se trata del primer creyente verdadero en un área geográfica representa el inicio del trabajo de Dios en dicha localidad. Los demás que sean salvos a partir de ese momento se convierten del mismo modo en parte del cuerpo de Cristo y parte de la manifestación local de su cuerpo.

 

Hechos 16:25-34 (El Carcelero)

 

Un tiempo después de la conversión anterior, Pablo y Silas fueron enviados a la prisión a causa de su fe en Cristo. En medio de la noche Dios envió un terremoto muy fuerte que los liberó de los maderos y las cadenas (Hechos 16:22-26). Este evento llevó al carcelero a hacer una pregunta insistente a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (v. 30). Ellos respondieron, “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa” (v. 31). Ellos continuaron predicándole a él y a su familia “la palabra del Señor” (v. 32). En una expresión evidente de remordimiento, compasión y arrepentimiento, el carcelero lavó las heridas de Pablo y Silas (v. 33). Las escrituras señalan que, “enseguida fue bautizado, él y todos los suyos [su casa]” (v. 33).  Después de su inmersión, el carcelero los llevó a su hogar, les dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos (v. 34). El carcelero podía ahora regocijarse grandemente porque él y su casa eran salvos (v. 31).

 

Pero preguntémonos: En los siguientes días, ¿se consideraría él un individuo solitario? ¡Definitivamente no! Más bien, él debe haber reconocido con gran claridad que era parte del cuerpo de Cristo— especialmente aquel segmento que vivía en la ciudad de Filipo. Él no tenía que “postular para ser miembro” o aprender un catecismo durante un año para ser miembro”. ¿Por qué?  Porque él se convirtió en un miembro del cuerpo en el mismo momento que formó parte de Jesucristo.  Él era parte de la asamblea de los Filipenses, ya que formaba parte de Cristo, la Cabeza del Cuerpo. No se trataba de un proceso en “dos pasos”, sino que se trataba de una ocurrencia simultánea, era parte del cuerpo de Cristo al mismo tiempo que sus pecados eran perdonados.

 

Hechos 18:8 y 1 Corintios 12:13 (Los Corintios)

 

En su Segundo viaje Pablo proclamó a Cristo crucificado en Corintos, Acaya (1 Corintios 2:2). Lucas nos habla de los resultados de las labores de Pablo: “Y Crispo, el oficial de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa, y muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8). Cuando Pablo escribió más adelante a estos creyentes bautizados, se dirigió a ellos de la siguiente manera, “a la iglesia [comunidad] de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos” (1 Corintios 1:2). Cuando esta gente regresó al Señor en fe y bautismo, conformaron desde entonces la comunidad  de Dios—llamada también  el “templo de Dios” (3:16) y “asamblea de los santos” (cf. 14:33). Ellos habían sido santificados en “Cristo Jesús” y por lo tanto se habían vuelto santos. Todo esto estaba relacionado a su respuesta original  de fe y bautismo. (Justamente esta fue la misma respuesta que Jesús requirió en la “Gran Comisión”: “El que crea y sea bautizado será salvo” (Marcos 16: 16).

 

Todo esto se vuelve aún más claro a medida que leemos las palabras de Pablo en 1 Corintios 12:12-13: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.”  Debemos tomar nota de que esto se refiere a un evento en el cual todos los corintios creyentes habían participado: “todos fuimos bautizados en un solo cuerpo” (v. 13).  Esto concuerda con el bautismo de la “Gran Comisión”, que cada discípulo ha experimentado (cf. Mateo 28:19; Marcos 16:16).

 

En Segundo lugar, debemos reconocer que existen diferentes maneras de entender el bautismo. El griego para el versículo “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados” (1 Corintios 12:13) es: kai gar en eni pneumati hemeis pantes eis en soma ebaptisthemen. Si traducimos el griego en como “por” tenemos al Espíritu Santo como agente del bautismo: “Por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados.” Si vemos el término en como “en,” veríamos al Espíritu como el elemento en el cual ellos fueron bautizados. Al menos podemos decir que el Espíritu Santo se encuentra muy involucrado en el bautismo (ya vimos esto en Mateo 28:19 y Hechos 2:38, y también puede verse al comparar Gálatas 3:27 con 4:6 y tal vez al notar Tito 3:5). En otras palabras el bautismo en agua, no es simplemente un bautismo en el agua, ya que existe una dimensión del Espíritu que no debe pasarse por alto. Si el Espíritu Santo fuera retirado del bautismo sólo habría una acción vacía, sin significado alguno. En el momento del bautismo el Espíritu ha convencido al pecador; ha atraído al pecador; el Espíritu está revelándole a Cristo, el Salvador; aquél que responde está entrando al Espíritu y el Espíritu está entrando en él. (cf. Juan 3:5-8; 16:7-11; Romanos 5:5; 8:9; 2 Corintios 1:21-22; Gálatas 3:3, 5, 14; Efesios. 1:13-14).

 

El punto que podemos enfatizar aquí es que todos los creyentes en Corinto habían sido bautizados (Hechos 18:8)  y Pablo asume que este es el caso (cf. 1 Corintios 1:13-17).  Además, todos ellos habían sido “bautizados en un solo cuerpo ” (12:13). Ya sea que el Espíritu sea el agente o el elemento, él estaba muy involucrado en la salvación de ellos y en su ingreso al cuerpo de Cristo.

 

Nuevamente podemos ver cuan importante es el bautismo y cómo se relaciona con la membresía en el cuerpo o la comunidad del Señor.

 

Hechos 19:1-6 y Efesios 4:5

 

Cuando Pablo llegó a Efesios encontró una situación más bien única de doce hombres que sólo habían sido bautizados con el bautismo de Juan, que era el bautismo de arrepentimiento (Hechos 19:1-3). Ellos no habían escuchado hablar del Espíritu Santo, por lo tanto Pablo sabía que ellos también desconocían sobre el bautismo de la “Gran Comisión”, que es en el Espíritu Santo (Mateo 28:19) y trae “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Cuando estos discípulos honestos comprendieron la explicación de Pablo, “fueron bautizados en [del griego eis] el nombre del Señor Jesús” (Hechos 19:5). Hasta aquí no sabemos el tamaño de la comunidad de santos de Efeso. Evidentemente Priscila y Aquila, así como también Apolos, y otros “hermanos” eran parte de la asamblea en ese lugar y tal vez otros más (cf. 18:24-26; evidentemente, Apolos había partido de Corinto antes que Pablo llegara). Ahora doce hombres fueron agregados al total. Después de la labor de Pablo en la región por tres años hubo muchos otros que llegaron a la fe y al bautismo (cf. 19:8-10; 20:18-21, 31).

 

Más tarde Pablo escribió una carta para los santos en Efeso (puede haber habido una carta circular, dirigida también para otras asambleas, ya que la referencia “en Efeso” [Efesios 1:1]  no se encuentra registrada en los primeros manuscritos). Aquí Pablo declara que sólo existe “un bautismo” (4:5). Ya que sabemos que el bautismo de la Gran Comisión debía ser hasta el final de los tiempos (Mateo 28:19-20), seguramente al hablar de “un bautismo” Pablo se refiere al mismo bautismo. Aquí podemos notar las bases de la unidad que todos los miembros comparten el uno con el otro dentro del cuerpo del cual se forma parte a través de un bautismo basado en la fe.

 

                                                            Cuerpo          

 

                                                            Espíritu                     

 

                                                            Esperanza

 

   (Efesios  4:4-6)        Un(a)            Señor

 

                                                            Fe

 

                                                            Bautismo

 

                                                            Dios

 

 

Todos los miembros del cuerpo en Efeso podían encontrar unidad a medida que se comprometían con los principios mencionados en Efesios (4:4-6). Ellos eran miembros de “un cuerpo” y compartían “un Espíritu.” Ellos albergaban la “misma esperanza” maravillosa de lo que vendría. Ellos estaban comprometidos a servir al “mismo Señor.”  Ellos habían creído en la “misma fe” y se mantenían en sus verdades sagradas y de salvación. Todos ellos se habían sometido al “mismo bautismo” y por lo tanto eran hijos del “mismo Dios y Padre.” Una vez más podemos ver que el bautismo tiene un lugar crucial en relación con el cuerpo de creyentes.

 

Otros Pasajes Bíblicos

 

Además de los pasajes bíblicos antes mencionados podríamos examinar varios otros que tienen implicancia en la relación del bautismo con el cuerpo de Cristo. Considere los siguientes:

 

 Marcos 16:16 y 1 Pedro 3:21 con Hechos 2:40,47

 

Cristo dijo esto a sus seguidores antes de ascender a los cielos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Marcos 16:15-16). Esto no podría estar más claro. El Señor dijo que las buenas nuevas concernientes a Él deberían ser proclamada a todos. Aquellos que creyeran en este evangelio y se bautizaran serían salvos. Aquellos que escogieron no creer en el mensaje serían condenados. Podemos imaginarnos esto de la siguiente manera:

 

Fe + Bautismo = Salvación

 

Otro pasaje que complementaría lo que nos dice Marcos sería la declaración de Pedro: “Y correspondiendo a esto [la salvación de Noé por medio del agua], el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21).  El apóstol claramente dice, “ahora el bautismo os salva.” Claro que no salva a través de ningún valor inherente al hecho en sí, tampoco a través de ningún poder semi-mágico propio del acto. Esta perspectiva es a menudo llamada “regeneración bautismal” y es, con justa razón, condenada como falsa, una perversión de la enseñanza bíblica tanto del bautismo como de la salvación a través de Cristo. ¿Entonces cómo “salva” el bautismo al creyente arrepentido? “Salva” a través de la muerte y resurrección de Cristo Jesús (compare 1 Pedro 3:21 y Romanos 6:3). La Salvación reside en la obra salvífica de Dios en Cristo Jesús. Sin embargo, una vez más vemos la importancia del bautismo—”salva” del pecado y del juicio.

 

A medida que comparamos estos pasajes con los procedimientos en Hechos 2 podemos ver la conexión entre el bautismo y la comunidad de los salvos.  En el versículo 40, Pedro advirtió a los oyentes, “Sálvense de esta generación corrupta”.  Luego, más adelante en este capítulo, Lucas nos informa: “Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos” (v. 47). El contexto revela por supuesto que cuando los pecadores contritos se arrepentían eran bautizados (vv. 38, 41), ellos en efecto “iban siendo salvos” del juicio que está sobre los pecadores—y el Señor en verdad los “sumaba” a la comunidad de creyentes. De esta manera podemos ver que cuando uno es bautizado (expresando sincero arrepentimiento), se convierte en parte del cuerpo de creyentes—la comunidad de santos.

 

Romanos 6:3-5 y Gálatas 3:26-27

 

Estos pasajes son extremadamente importantes pero debemos hacer algo más que simplemente comentar superficialmente acerca de ellos. Pablo escribe, “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Romanos 6:3).  Gálatas 3:26-27 añade, “pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido.” Lea cada palabra de este versículo cuidadosamente. Note que Pablo está describiendo un evento común a todos los cristianos.  El dice “todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús” y ” todos los que fuisteis bautizados en Cristo” (Romanos 6:3 y Gálatas 3:27).  En otras palabras si una persona en Roma o en Galacia era una persona verdaderamente sabia, en unión con Cristo Jesús, Pablo sabía que él había sido bautizado en este tipo de relación. Él no conocía de ninguna excepción. Esto llevó a que un escritor diga con justa razón, “La idea de un cristiano no bautizado simplemente no se considera en el Nuevo Testamento” (F.F. Bruce, Commentary on the Book of the Acts [Comentario sobre el Libro de los Hechos], p. 77).  Claro, la razón por la cual no puede encontrarse en el Nuevo Testamento es que el bautismo era una parte integral de la respuesta de fe y de arrepentimiento que una persona daba a Cristo, incluso dentro del mismo acto de la conversión.

 

Ya que estos pasajes afirman que uno es “bautizado en Cristo” y que todos los que están “en Cristo” han sido bautizados en Él, podemos ver como la Biblia del mismo modo afirma que aquellos que están en el cuerpo de Cristo han sido bautizados en dicho cuerpo. Uno no puede estar “en Cristo” y no pertenecer al “cuerpo” de Cristo. Una persona tampoco puede estar en el “cuerpo” espiritual de Cristo y no estar “en Cristo” mismo. La misma respuesta de fe y arrepentimiento que lleva a una persona a una relación de salvación con Cristo crucificado también la lleva a una relación salvadora con otros que han sido salvados y que están dentro del cuerpo de Cristo.

 

Hechos 22:16; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:26; Tito 3:5; Hebreos 10: 22

 

¿Recuerda nuestra discusión sobre la salvación del apóstol Pablo?  Notamos que Ananias le dijo a Pablo, “Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre [el de Cristo]” (Hechos 22:16).  El término “lava” aquí es apolouo y significa “sacar, quitar lavando” (W.E. Vine, The Expanded Vine’s Expository Dictionary of New Testament Words [Diccionario Expositivo Ampliado de Vine sobre Palabras del Nuevo Testamento] p.1211). Aquí es usado metafóricamente para indicar “el quitar lavando” o limpiar los muchos pecados de Pablo.  Él sería perdonado de sus pecados y por lo tanto puro y limpio. El mismo término es encontrado en 1 Corintios 6:11 donde Pablo se refiere a la conversión de los corintios: “pero fuisteis lavados [apelousasthe, que se deriva de apolouo], pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.”  Del mismo modo en que Pablo debía ser bautizado y sus pecados “lavados”, también los corintios habían sido “lavados” de su impureza espiritual o lo que es similar, sus pecados habían sido perdonados. Una vez más notemos que esta era una experiencia común de aquellos que habían sido salvados en Corinto. Si alguno había sido salvado ellos habían sido “lavados” de sus pecados—evidentemente creyendo en el bautismo. Esto ocurrió individualmente—pero era a la vez una experiencia colectiva.

 

En Efesios 5, Pablo asemeja la comunidad de Cristo a la amada “esposa” de Cristo: “así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra” (w. 25-26). Esto no es claro pero existe la posibilidad de que Pablo tuviera una vez más el bautismo en mente cuando dijo que la comunidad de creyentes había sido “purificada” “por el lavamiento del agua con la palabra.”  El término “lavamiento” aquí es loutro, y proviene de loutron, el cual denota “tomar un baño” (Vine, p. 1212).  El “lavamiento” iba de la mano con la “palabra.” Tal vez esta es una referencia a la misma “palabra” a la cual Ananías se refería al hablarle a Pablo: “Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre” (Hechos 22:16).

 

Una misma referencia que usa el mismo término, “lavar” (loutron), es Tito 3:5: “Él [Dios] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo.”Si esta es una referencia al bautismo como muchos estudiosos de la Biblia afirman, es interesante ver que va unido con “la renovación por el Espíritu Santo.” La conexión entre el bautismo y el Espíritu se encuentra en varias partes como ya hemos podido ver (cf. Mateo 28:19; Hechos 2:38; Gálatas. 3:27 con 4:6; tal vez Juan 3:5; 1 Corintios 12:13; y 1 Corintios 6:11).  (También es interesante notar que si esto se refiere al bautismo, se diferencia claramente de una “obra”—note también Efesios 2:8-9.)

 

            Un pasaje final sería Hebreos 10:22, en el que leemos: “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura”  El término “lavado” usado aquí proviene de louo, que significa, “bañar.” Este versículo por lo tanto puede referirse a una limpieza interna (el corazón “purificado”) así como también una acción externa (el cuerpo “lavado” o “bañado”).  Si la acción externa se refiere al bautismo, podría ser similar a 1 Pedro 3:21 en la cual existe una acción externa (bautismo) y una respuesta interna (un llamado a Dios para recibir una buena conciencia). (Podemos notar aquí que incluso en las Escrituras hebreas “lavar” puede significar “hundirse y volver a salir” o “sumergirse”—cf. 2 Reyes 5:10,12,13 con v. 14.) Aunque no quisiéramos ser dogmáticos sobre este pasaje se podría muy bien tratar de otra referencia al “bautismo de fe” que yace al inicio de la vida en Cristo que experimenta una persona.

 

Es importante notar que en estas diversas referencias la suposición básica es que todos los lectores que han sido verdaderamente salvos han experimentado el “lavamiento” sobre el cual Pablo y el autor de Hebreos escriben.  Sabemos por supuesto que el “lavamiento” se refiere a una realidad interna y que la sangre de Cristo es la base para dicho lavamiento (cf. 1 Juan 1:7; Apocalipsis 7:14; 22:14). Sin embargo, lo que hemos visto debería ser suficiente para convencernos de que el bautismo (como una expresión de fe y de arrepentimiento) tiene un lugar muy importante en la respuesta inicial de una persona a Cristo. El hecho de que se asuma que todos los lectores cristianos han tenido esta experiencia, es otra evidencia de que el bautismo tiene lugar al inicio de la vida de una persona en el cuerpo de Cristo (no algún tiempo después). El cristiano no es el único que ha sido “lavado” y “limpiado” de sus pecados, sino que también la Comunidad de Cristo es un cuerpo “lavado” y “limpiado.”

 

Algunas Aclaraciones

 

Además, debemos mantener en mente que cuando las escrituras hablan del bautismo de la  “Gran Comisión,” no denota un “bautismo” en una denominación, un “bautismo” simplemente para testificar de un perdón o una limpieza previos, o un “bautismo” simplemente “para seguir el ejemplo de Jesús.” Más bien el significado del bautismo es rico y multi-facético. El arrepentimiento y el bautismo son “para el perdón de los pecados” (cf. Hechos 2:38). El bautismo de fe es un bautismo en la muerte de Cristo (Romanos 6:3) y en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13). Si uno desconoce este énfasis en el Nuevo Testamento y especialmente si niega o lucha en contra de este significado, su bautismo difícilmente puede calificar como el bautismo genuino de las escrituras. Mientras que las personas en el tiempo de los apóstoles pueden haber ignorado diversos aspectos de este acto, evidentemente ellos no negaron su significado o propósito básicos.

 

Debemos diferenciar claramente el verdadero acto significativo del bautismo, que hemos descubierto en las escrituras del “sacramento” post apostólico, del bautismo que niega las características básicas propias del bautismo del Nuevo Testamento. Esta opinión, que surgió en los siglos segundo, tercero y cuarto predomina incluso hoy en día en la “Cristiandad” de todo el mundo. Se ve al bautismo como una ceremonia de agua eclesial semi-mágica usualmente desempeñada por un sacerdote o clérigo “ordenado”. Se piensa que el ritual concede a un infante salvación, perdón y el Espíritu Santo – sin la necesidad de la existencia de una fe consciente, sin un arrepentimiento deliberado, sin un pleno compromiso para toda la vida y sin la aceptación del yugo del discipulado. Las Escrituras no respaldan de ninguna manera esta percepción ex opere operato del bautismo—una visión que diría que algo automático ocurre en el mismo acto del bautismo sin consideración alguna de lo que el bautismo desea en efecto expresar. El bautismo tiene significado debido a aquello que personifica (fe y arrepentimiento) y debido a su relación con la muerte redentora de Cristo por nuestros pecados (Romanos 6:3-4; Mateo 26:28).

 

Esta perspectiva sacramental predominó durante el largo período medieval. En el siglo XVI los anabaptistas se opusieron con justa razón a esta teología de la “regeneración bautismal” de la iglesia Católica Romana (y Luterana), y debido a su oposición fueron perseguidos severamente. Tristemente, muchos grupos a partir de esa época, proclamando mantener el “bautismo del creyente” han vaciado de tal manera su acto de bautismo de contenido bíblico que ahora éste contiene muy poca semejanza con el acto de fe y obediencia del Nuevo Testamento. Mucho de esto proviene de una reacción exagerada en contra de la perspectiva católica de la “regeneración bautismal” del infante, pero parte de esto proviene de una simple incredulidad – por caer en falta al no tomar las escrituras seriamente y no creer en todo lo que esta revela sobre el acto del bautismo.

 

El Cuerpo de Cristo es la Comunidad de Cristo

 

Cuando nos referimos al cuerpo de Cristo, nos referimos necesariamente a la comunidad o congregación de Cristo. El término original es ekklesia, un término usualmente traducido como “iglesia” en la mayoría de las traducciones. Esta es una traducción pobre, una mejor traducción habría sido comunidad, agrupación, congregación o asamblea. El término “iglesia” lleva una connotación formal, organizacional, institucional y denominacional que el término ekklesia no tenía. De hecho, “iglesia” se deriva de un término griego totalmente diferente (kuriakon), que significa “la casa del Señor” (Terry L. Miethe, A Compact Dictionary of Doctrinal Words [Diccionario Compacto de Palabras Doctrinales], p.59).

 

Lo que tratamos de decir con esto es lo siguiente: Cuando las escrituras hablan del bautismo, lo relacionan con el ingreso al cuerpo de Cristo  o a la “comunidad” o “asamblea” de Dios. Uno se convierte en un miembro del “cuerpo de Cristo” y “cada uno individualmente un miembro de él” (1 Corintios 12:27; cf. v.12; Romanos 12:4-5) cuando uno responde por fe en bautismo. Uno se vuelve parte de la agrupación de creyentes, la asamblea de santos, la comunidad de discípulos, o la familia de Dios. Las escrituras identifican definitivamente al “cuerpo” con la “comunidad” y la “comunidad” con el “cuerpo”: “la ekklesia, la cual es su cuerpo” (Efesios 1:22-23); “El es también la cabeza del cuerpo que es la ekklesia” (Colosenses 1:18; cf. v.24).

 

Idealmente, esta comunidad de creyentes debería tener varias características que se deriven del hecho de que está compuesta por creyentes arrepentidos que han sido bautizados, que han sido limpiados de sus pecados, que están haciéndose santos a través del obrar del Espíritu Santo, que están viviendo en obediencia activa a la voluntad de Dios y que están siendo conformados a la imagen de Cristo. Dios ha dicho que cada manifestación local del cuerpo universal de Cristo (i.e., cada asamblea local) debe:

 

·         Edificarse a sí misma en amor (Efesios 4:16).

 

·         Amonestar a los indisciplinados (1 Tesalonicenses 5:14).

 

·         Cuidar de las necesidades espirituales (Gálatas. 6:2; 1 Corintios 12:27).

 

·         Cuidar de las necesidades físicas (2 Corintios 8:1-15).

 

·         Excluir a aquel que no se arrepiente (Mateo 13:15-20; 1 Corintios 5).

 

·         Promover el amor y las buenas obras (Hebreos 10:24-25).

 

·         Llevar el mensaje de Cristo a otros (Marcos 16:15).

 

 

Esto por supuesto se diferencia grandemente de lo que hemos visto a menudo hoy en día en el mundo religioso en el cual puede haber:

 

 

·         Fe no genuina en Cristo

 

·         Un arrepentimiento del pecado que no viene del corazón

 

·         Un acto no verdadero de bautismo

 

·         Un significado no verdadero de bautismo

 

·         Falta de compromiso con Cristo como Señor y Rey

 

·         No se da a Cristo la gloria que Él merece como salvador

 

·         No se camina en santidad y justicia

 

·         No hay una adherencia seria al modelo bíblico para la asamblea

 

·         No hay separación del mundo ni de sus caminos de maldad

 

·         No hay conformidad con los caminos de Dios

 

·         No hay una devoción seria con las escrituras

 

·         No hay compromiso con una obediencia práctica

 

Se podría decir mucho más acerca de los privilegios y responsabilidades de cada comunidad local de Cristo. Definitivamente existe una responsabilidad corporativa de caminar en la verdad de Dios (2 Juan 4; 3 Juan 4), de vivir en absoluta santidad y paz (Hebreos 12:14; 1 Tesalonicenses 5:23), y crecer en amor genuino (1 Tesalonicenses 3:12; 2 Tesalonicenses 1:3). Si una agrupación local se muestra infiel a Dios, Cristo quitará su candelero de su lugar (Apocalipsis 2:5)—una representación gráfica que sin duda significa que Él dejará de reconocerla como una verdadera comunidad suya.

 

Además, podemos notar que una asamblea no necesita estar compuesta por cientos de cristianos. Tampoco necesita tener cincuenta, veinte, ni diez. Sin lugar a duda, un cristiano solitario no podría constituir una comunidad en un área determinada. Se necesitaría tener dos o más.  Jesús sugirió esto en Mateo 18:20: “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”  Tal vez Mateo 18:15-17 pueda sugerir incluso muchos en número. Como notamos anteriormente Lidia y su familia (esto sería al menos tres personas) deben haber sido el núcleo de la familia de Dios en Filipos (Hechos 16:14-15). Pero un cristiano en la situación particular de estar solo en un determinado momento cualquiera que sea (e.g., el Etíope, Hechos 8), sin duda no constituiría una comunidad local—aunque él sería parte del cuerpo universal de Cristo o ekklesia de Dios. Igualmente, él se convirtió en un miembro del cuerpo cuando él a través de su fe y arrepentimiento, por un Espíritu, fue bautizado en un solo cuerpo (cf. 1 Corintios 12:13; Hechos 8:36-39).

 

Implicaciones de Nuestro Estudio

 

Hemos revisado muchos pasajes bíblicos y hemos aprendido que, en verdad, el bautismo tiene un significado directo en el hecho de que una persona forme parte del cuerpo de Cristo, la comunidad del Señor. Consideremos otras varias implicaciones de nuestro estudio.

 

Primero, uno ingresa al cuerpo de Cristo en el momento de su salvación. Existen muchas bendiciones relacionadas a la salvación (perdón, redención, reconciliación, herencia, el Espíritu Santo, condición de hijos, nuevo nacimiento, etc.)—y la membresía en la ekklesia, la comunidad, el cuerpo de Cristo, es uno de ellos. Cuando una persona con convicción sincera, con fe verdadera (Juan 3:15-18) y arrepentimiento genuino (Hechos 3:19) es bautizada en Cristo (Hechos 2:38-41; Romanos 6:3-5), Dios la añade, a través de su gracia, a la comunidad de los que han sido salvos o al cuerpo de Cristo (Hechos 2:41,47; 1 Corintios 12:13).

 

Segundo, uno se convierte automáticamente en parte de la manifestación local del cuerpo de Cristo en el momento de la conversión o lo que es lo mismo, en el momento del bautismo. No hemos visto que una persona que desea convertirse deba seguir un proceso ni de dos ni de tres pasos para ser parte de una comunidad local. Aquellas personas arrepentidas y bautizadas en Jerusalén, no necesitaban esperar tres años, un año, un mes, ni siquiera una semana después de que eran bautizados para convertirse en parte de la comunidad de creyentes (Hechos 2:38-47; cf. 5:14).  Los creyentes arrepentidos y bautizados constituyeron inmediatamente la comunidad de Jerusalén.

 

Tercero, no existe indicación de que un individuo una vez salvo y perdonado se convertiría en un cristiano solitario— esto es siempre y cuando hubiera una asamblea de creyentes fieles y obedientes en dicha localidad. Simplemente se “suponía” que uno sería parte de una manifestación local del cuerpo universal de Cristo. Por lo tanto, no había referencia alguna en cuanto al individualismo entre los santos de las primeras comunidades. Sabemos, por supuesto, de que había excepciones (tales como el Etíope y tal vez otros) y habrá excepciones  hasta el día de hoy. En estos días de incredulidad, desobediencia, donde reina lo mundano y la apostasía muchos de los que dicen ser cristianos realmente no son Cristianos genuinos. Por lo tanto un cristiano puede encontrarse solo hasta que Dios obre para cambiar las circunstancias. Pero debemos ver esto como la excepción y no la regla.

 

Cuarto, considere la composición del cuerpo en los tiempos apostólicos. Los miembros eran creyentes. Ellos eran creyentes arrepentidos que se habían bautizado (i.e., inmersos—sumergidos momentáneamente en agua y levantados del agua). Ellos eran creyentes arrepentidos y bautizados que caminaban en temor del Señor (Hechos 9:31), caminaban en verdad (3 Juan 4), caminaban en amor (2 Juan 5-6), caminaban en santidad (Hebreos 12:14), y caminaban en comunión y adoración verdadera (Hechos. 2:42). Aquí estamos hablando de algo ideal que debería ser siempre nuestro mayor deseo.

 

            Quinto, la primera comunidad de creyentes definitivamente no era un “club” religioso o una organización. Era muy diferente del club de Leones o del Rotary Club. No era como los Masones, ni como ninguna otra asociación que el mundo conozca. Era distinta de cualquier club social u organización secular o religiosa. Uno no podría “unirse” del mismo modo en que uno se uniría a un club o asociación. En vez de ser una institución u “organización”, la primera comunidad de santos era en realidad un “organismo”—un cuerpo vivo compuesto de miembros vivos, conectados mediante una relación vital y salvífica a la Cabeza, Cristo Jesús el Señor (Efesios 4:15-17). También se dice que el cuerpo se asemeja a una familia, la propia “casa” de Dios (Efesios 2:19), compuesta por hermanos y hermanas (Santiago 2:15; 1 Corintios 7:15) quienes son hijos amados de Dios (1 Juan 3:1-2), hijos e hijas del Padre Celestial (2 Corintios 6:18).

 

Sexto, seguramente había diferencias entre los diversos miembros aunque ellos estaban dentro del mismo cuerpo. Pablo dice, “Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros.” (Romanos 12:4-5; cf. 1 Corintios 12:12-30).  Pablo menciona la diversidad dentro del cuerpo: “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). En otro contexto sobre el bautismo Pablo escribe, “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas. 3:27-28; cf. Colosenses 3:11). Todos los creyentes se habían convertido en “hijos de Dios mediante la fe” (Gálatas 3:26). Ellos eran hijos de Dios “en Cristo Jesús” (v. 26).  Y ellos se habían unido a Jesucristo mediante el bautismo: “todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido” (v. 27). Dentro del cuerpo se espera que exista una diversidad legítima.

 

Sétimo, existe una diversidad apropiada, también debe haber una unidad y compañerismo profundos. Los miembros deben ser cada vez más unidos. Pablo da esta directiva sorprendente: “Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). En otra parte Pablo hace la misma petición: “Haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito” (Filipenses 2:2; cf. 1:27). Aquellos que han sido bautizados en el cuerpo de Cristo deberían estar cada vez más de acuerdo acerca de lo que es la voluntad de Dios, compartir cada vez más un estilo de vida común y ver cada vez más las circunstancias y el mundo con una perspectiva común—La perspectiva de Dios mismo revelada en las Escrituras.

 

Octavo, cuando una persona se vuelve a Cristo en arrepentimiento y bautismo, se convierte en parte del cuerpo de Cristo—pero no se convierte en parte de una denominación humana o secta. Como lo hemos observado, la asamblea del Nuevo Testamento no era institucional, denominacional ni sectaria. La comunidad de creyentes era simplemente eso—una agrupación de individuos que estaban unidos a Cristo, la cabeza, y por tanto estaban unidos entre si por lazos de amor (Colosenses 2:2; 3:14).  Si una persona cree que a través del bautismo se está convirtiendo en parte de una denominación, institución, iglesia u organización religiosa sin duda ha malentendido el concepto del bautismo bíblico así como del cuerpo de Cristo. Si el bautismo de una persona es un bautismo denominacional sin duda no es el bautismo del Nuevo Testamento, que es el bautismo de la Gran Comisión, por tanto esta persona no ha sido bautizada genuinamente de acuerdo a las Escrituras. Si uno ha experimentado un bautismo deficiente, este es un bautismo no válido, no bíblico, y la persona necesita volverse a bautizar (en realidad sería la primera vez que se bautiza, esta vez de acuerdo a las Escrituras).

 

Noveno, en este estudio no hemos discutido extensivamente todos los significados y propósitos del bautismo.  Hemos hecho alusión al hecho de que el bautismo es en realidad una inmersión en agua. El término griego baptizo significa en realidad sumergir, hundirse, hundirse y volver a salir, meter algo en, abrumar con, inundar (ver The Expanded Vine’s Expository Dictionary of New Testament Words [Diccionario Expositivo Ampliado de Vine sobre Palabras del Nuevo Testamento], pp. 88-89; Wesley J. Perschbacher, The New Analytical Greek Lexicon [El Nuevo Lexicón Analítico del Griego], p. 66; Arndt and Gingrich, A Greek English Lexicon of the New Testament [Lexicón Griego-Inglés del Nuevo Testamento], pp. 131-132).  (Ver también el capítulo 3 de nuestro estudio, Una discusión amistosa acerca del bautismo, y nuestro estudio personal, La enseñanza bíblica acerca del bautismo.) En todas las escrituras que hemos examinado deberíamos mantener en mente que, cuando Jesús o Pablo o Pedro se refieren al “bautismo”, ellos están pensando en la inmersión en agua – y no los sustitutos de hoy en día de humedecer, salpicar o derramar agua. Esto es necesario para la importancia de todo nuestro estudio.

 

Consejos Para el Día de Hoy

 

Luego de concluir con este estudio permítanos hacer varias aplicaciones.

 

En primer lugar, cualquiera sea su situación religiosa en la actualidad, usted necesita regresar al Señor y obedecerle. Si usted no ha creído realmente, usted necesita colocar su fe en el señor crucificado y resucitado. Si usted no se ha arrepentido de sus pecados, usted necesita cambiar su corazón en cuanto a sus pecados y a su relación con Dios. Si usted no ha sido bautizado (inmerso), usted necesita someterse a la voluntad del Señor en esto.

 

Segundo, si usted está cerca a un grupo de creyentes verdaderos que están viviendo en verdad y santidad, usted necesita estar con ellos. Si usted se pregunta si un grupo o sus conocidos cumplen con esta descripción, usted querrá determinar definitivamente si ellos se han vuelto al Señor tal como lo dicen las escrituras y si se han convertido en efecto en parte de un solo cuerpo a través del bautismo bíblico. Aunque existen muchos grupos religiosos e iglesias el día de hoy, pocos han cumplido con la voluntad del Señor en esta área así como en otras áreas. Hágase parte de una comunidad que guarda conformidad con las directivas de las escrituras en un bautismo verdadero y en otros elementos de verdad y santidad.

 

Tercero, si no existe una manifestación local en su área (que usted conozca), empiece a compartir acerca de Cristo y su voluntad con otros. A medida que el señor empieza a traer a personas con necesidades espirituales a su camino, y a medida que ellos son bautizados en Él y en Su Cuerpo empiece a reunirse con ellos para su edificación, comunión, para alabar y para otras actividades bíblicas. Lea el Nuevo Testamento y haga de él su “programa de acción” y haga corresponder cada aspecto de la comunidad de creyentes bautizados con las directivas que allí se definan. Recuerde que usted debe dar cuentas a Dios y no a un consejo gobernante denominacional humano ni a una jerarquía eclesial.

 

Cuarto, si usted conoce de una comunidad genuina de Cristo en alguna parte, usted puede escoger mudarse allá para estar cerca a los creyentes en esa localidad. Usted podría nutrirse en ese lugar y podría también edificar a otros en la fe. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, sea cuidadoso hasta que esté plenamente seguro de que ellos están caminando conforme a la voluntad de Dios en cuanto a una fe verdadera, pureza, bautizmo, las obras internas de la comunidad y todas las demás áreas de la verdad.

 

A medida que cada persona que busca la verdad percibe la variedad de iglesias, asambleas, comunidades, grupos en hogares en el mundo el día de hoy, debe prestar atención especial a muchos factores cruciales. Debe considerar las cualidades de dichas agrupaciones, su amor por Dios y su Palabra, su énfasis en Cristo y la obra del Espíritu, su amor y calidez dentro de la comunidad, su interés y compasión por el débil y el afligido y su pasión por alcanzar al perdido. Debe considerar si ellos están separados del mundo y si ellos excluyen a los miembros que no se arrepienten. Debe cuestionar qué es lo que piensan de los supervisores-ancianos, servidores (conocidos también como diáconos), predicadores y maestros, tal como los define la Biblia. Debería considerar si ellos llevan a cabo la adoración tal como lo indica el Nuevo Testamento—oración, cánticos, edificación mutua, enseñanza y la partición semanal del pan.

 

Y es sumamente importante que aquel que busca la verdad y la comunión con otros creyentes examine si los miembros del cuerpo se han arrepentido verdaderamente, si han ejercido una fe salvífica y se han sometido a un bautismo bíblico—un entierro y resurrección que los identifica con Cristo y el evangelio para el perdón de los pecados, y que los llevó a ser parte del cuerpo de creyentes del Señor. Definitivamente esto último es una prioridad y no debe ser pasada por alto ni minimizada. Ya que Cristo puso mucha importancia en el bautismo, debemos hacer lo mismo.

 

¿Podemos Ayudarlo?

 

Hemos discutido importantes temas en este estudio—temas que afectan su vida diaria y su futuro tanto en la tierra como en la eternidad. La Biblia dice que “la infinita sabiduría de Dios” sea ahora “dada a conocer por medio de la iglesia [ekklesia] a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios 3:10).  El cuerpo espiritual de creyentes de Cristo es precioso para Él. La familia o la casa de Dios está cerca a su corazón. Es vital que seamos parte de este cuerpo ya que Cristo es “el Salvador del cuerpo” (Efesios 5:23). Es esencial que formemos parte del pueblo de Dios, o lo que es lo mismo, del cuerpo de Cristo, que “Él compró con su propia sangre” (Hechos 20:28).

 

 En este estudio hemos examinado como se relaciona el bautismo con este cuerpo o comunidad. Hemos visto que esto tiene un significado directo con la entrada al cuerpo espiritual de Cristo.  A manera que respondemos a las buenas nuevas del Señor crucificado y resucitado, a manera que ponemos nuestra confianza y seguridad en el Señor resucitado, a medida que nos alejamos de nuestros pecados y de nuestra autosuficiencia para conducir nuestra vida y a medida que somos bautizados en Cristo Jesús, Dios nos añade a su comunidad redimida. Cristo lo añadirá a su cuerpo espiritual. El Espíritu morará en nosotros así como mora en la comunidad de Dios como un todo. Corramos a Él con los brazos abiertos y aceptemos su abundante gracia, su gracia y amor que son revelados en el maravilloso cuerpo de creyentes de Cristo.

 

Richard Hollerman

 

(Traductora: Monica Hollerman)

 

 

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